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El fracaso del tejido industrial benalupense. La fábrica de la luz. Y 3

Un amigo mío me cuenta como anécdota que una noche vino con un hermano más pequeño, a principio de los sesenta al pueblo, desde el cortijo cercano que vivían a menos de dos kilómetros, a ver las luces encerradas en una botella. Él mayor había visto la luz por la noche, pero por la mañana siguiente no pudo enseñarle a su hermano menor la luz encerrada en la botella, obviamente. Con la llegada de Sevillana la luz que había dentro de las botellas se hace más grande y nítida, pero también implica el fracaso de esa empresa local que significó el intento de desarrollo industrial basado en capital financiero y humano, así como recursos locales. Lo mismo que fracasaría la fábrica de las palmas, lo hizo la de la luz.
Estaba claro que la modernización del pueblo no se iba a hacer en base a un desarrollo endógeno industrial, basado en pequeñas y medianas empresas industriales, sino que se haría en base a Las Lomas, la construcción y la emigración principalmente a Alemania, de carácter fundamentalmente temporal y a Torrent y alrededores, de carácter definitivo. Tanto la harina como la luz dejaron de fabricarse en el pueblo, siendo suministrada por empresas foráneas. Empezaba un modelo que ha llegado hasta la actualidad. La mayoría de los recursos se obtienen fuera y la mayoría de los productos que se consumen tienen procedencia foránea, todo lo contrario que había ocurrido hasta los sesenta y que la fábrica de la luz nos sirve como ejemplo clarificador. A una época donde dominan el consumo moderado de los productos locales, con su consiguiente reciclado, le va a seguir otro de desaforado consumo de productos no locales. Los cambios también se dieron en la estructura productiva. En la década de los sesenta empezó un proceso que culminaría en los ochenta que hacia pasar al sector primario a un segundo plano, dejando el protagonismo al sector secundario capitaneado por la construcción. La crisis actual parece que nos está llevando a otro cambio sectorial. La primacía tanto en la producción como en la población activa se está trasladando al sector servicios. Hemos completado el trasvase sectorial. De 1, 2, 3, pasamos al 2, 1, 3, luego al 2, 3, 1 y ahora estamos llegando al 3, 2, 1. Pero tanto en el siglo XIX, como en el siglo XX, como ahora, necesitamos de pequeñas empresas industriales, de carácter local, que generen plusvalías y sinergías en el entorno, es el tan cacareado desarrollo endógeno que se tiene que basar en los recursos naturales o la multifuncionalización del mundo rural. Industrias agroalimentarias como hay en las Lomas o el cortijo Bio en la Yeguada podrían servir de modelo. El fracaso de estas industrias de carácter local, que tanto la fábrica de la luz, como la de las palmas o la cooperativa textil nos sirven de ejemplo para entender como en el franquismo en esta zona se vivió peor que en el resto de España y como posteriormente, cuando vienen periodos de crisis sus efectos son exponencialmente mayores en estas zonas que no tienen tejido industrial propio.

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