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Los problemas del corcho. 2

Desde los romanos el hombre está trabajando con el corcho del Parque de los Alcornocales (hay datos sobre que tapaban con corcho la boca de las ánforas), pero su extracción y su trabajo va a empezar a ser importante en el siglo XVII cuando el Monje Perignon lo utiliza para las botellas de champagne. En España, empieza a extraerse el corcho a finales del siglo XVIII. Fueron los catalanes los que extendieron la explotación del alcornoque bien comprando la producción o bien adquiriendo fincas en la zona de producción, como fue el caso de Matias Ribot Xataud de San Feliu de Guixol que explotó durante mucho tiempo los alcornoques de Valle de Hermoso y compraba parte de la producción de la sierra benalupense.

Como dice Agustín Coca en su libro los Camperos: “Se trata de un característico y sintomático ejemplo, desafortunadamente uno más, del carácter externalizado de nuestra economía. En la actualidad, las industrias taponeras se concentran mayoritariamente fuera del territorio andaluz y, sin lugar a dudas, la producción corchera andaluza surtió al entramado industrial catalán desde sus inicios”. Siempre que hablo con un industrial benalupense, de avanzada edad,  se queja de que con las potencialidades que tiene el corcho, tengan que ser los catalanes los que lo transformen y se aprovechen de su plus valía y valor añadido. El segundo problema es más novedoso, y aunque tiene una raíces antiguas, es recientemente cuando se está presentado con toda su crudeza. El alcornocal está enfermo. La sierra está perdiendo parte de sus alcornoques. El término de la seca se lo puso en 1991 el Director Conservador del Parque Javier Sánchez. Se trata de un fenómeno natural consistente en la enfermedad progresiva del alcornoque hasta que termina con la muerte del árbol. Se puede dar de forma aislada o en grandes masas de alcornocal. Las causas están relacionadas con la avanzada edad de los árboles, con la excesiva densidad, con las heridas producidas por la corcha, por plagas y enfermedades, por la contaminación de la bahía de Algeciras, el cambio climático o por el fuego al que son más sensibles debido a que están enfermos.
El tercer problema no parece el menos importante. Nos referimos a la disminución radical de la extracción del corcho, debido a la bajada de su precio por la competencia de otros materiales como el plástico y los productos sintéticos.Y aquí es donde comentábamos antes que está entablada la batalla propagandística. Tradicionalmente han sido muchos los aprovechamientos del corcho. Cazos, cucharones, tablas de lavar, paletas, dornillos, colmenas, trajes, etc., han sido algunos de los aprovechamientos antiguos y que ahora tienen un carácter residual. Pero fueron los usos industriales los que en el primer tercio del siglo XX consolidaron el corcho. El uso principal era como tapón de los vinos tranquilos y espumosos, al que se le añadía tapones para refrescos y cervezas, aplicacones industriales en cigarros, aislamientos y piezas de automóvil. En el último tercio del siglo XX todas esas aplicaciones cayeron ante la competencia de materiales sintéticos y de plástico, resistiendo sólo el sector vitícola. En la actualidad, los datos estimados cifran en un 70% los vinos tapados con corcho y en un 30% los tapados con  otros materiales. Y aquí se presenta el problema con toda crudeza; la monoproducción taponera es una amenaza para el alcornoque ya que como dice la organización ecologista WWF el problema es evidente: "si la industria deja de necesitar los tapones de corcho, los alcornocales desaparecerán para ser sustituidos por otros cultivos o simplemente serán abandonados”.
Las fotos de Mint, las dos primeras son en Boyar en 1982, la última es de 1971.

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