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Caña a los profesores de medias

Ya hace tiempo que me dijeron que esta crisis estaba un poco buscada y que tenía como principal objetivo acabar con el Estado del Bienestar. La respuesta a la crisis ha empezado  en educación por los profesores de secundaria. No creo que sea mera casualidad. Esperanza Aguirre no ha hecho más que cumplir su oscuro objeto del deseo, dándole un palito a esos profes de medias que amén de ser unos flojos, son unos consentidos privilegiados, además de que ha vuelto a haber mucho rojillo suelto en la profesión.
Con dos horas que trabajen de más unas personas que “únicamente lo hacen 18 horas a la semana”, sólo en la Comunidad de Madrid, según estimaciones sindicales, se ahorran entre 3.000 y 3.200 profesores interinos, lo que significa economizarse entre 105 y 112 millones de euros en sueldos, aunque hay quien estima el montante en 80 millones. El debate está servido. Está claro que las condiciones laborales de los profesores de medias están regidas por una flexibilidad que no la tienen otras profesiones, pero es la misma flexibilidad necesaria que  tiene un pintor, un futbolista, un cantante, un abogado, un presentador de un programa de radio o un trabajador cualquiera de esas profesiones llamadas liberales. Pero la madre del corderno no está en las dos horas lectivas de más, estas son  sólo la punta del iceberg. El posicionamiento en la polémica a favor  o en contra de los profesores de secundaria está relacionado con la importancia que se le dé a la educación y con la concepción del hombre que adoptemos. Dependiendo de dónde nos situemos en cada uno de estas cuestiones, veremos adecuado o no el supuesto sacrificio que se nos pide a los profesores en nuestro horario de trabajo. Al menos de palabra son muchos los que consideran prioritaria la inversión en educación. Hasta Emilio Botín dice que el dinero que se dedica a la educación no hay que verlo como un gasto, sino como una inversión. Recordemos que en Finlandia, el país referente cuando se habla de éxito educativo, el profesor es un profesional muy bien remunerado y situado en la cúspide de la escala social. Allí, los profesores de secundaria dan 100 horas lectivas menos al año que los profesores españoles.
En lo que respecta a la concepción del hombre, incluidos los profesores de educación secundaria, ya Hobbes y Rousseau establecieron claramente los dos puntos de vista. Para el primero, el hombre es un lobo para el hombre, por lo que se supone que la libertad engendra libertinaje y flojera. Para esta corriente de opinión hay que dejarse de buenas intenciones y palabras bonitas, imponiendo el orden sobre la libertad, la mano dura sobre el diálogo y la imposición sobre los acuerdos. Hobbes era partidario de un poder político fuerte que garantizara la seguridad  para defendernos de esa naturaleza perversa de "lobos". Para Rousseau el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo pervierte. En este sentido el hombre no nace sino que se hace. Rousseau es el padre de la democracia moderna, además de un luchador contra los roles educativos autoritarios de su tiempo. Rousseau era consciente de que las palabras conmovían, pero que los ejemplos arrastraban. Si lo aplicamos a los profesores de educación secundaria.
Hobbes sería partidario no sólo de esos recortes, sino de atarlos corto, controlarlos al máximo y quien no esté de acuerdo que se busque otra profesión. Rousseau, por el contrario, defendería un sistema educativo en el que se prime la libertad y la responsabilidad del docente, es lo que se venía haciendo hasta hace unos años.

En los tiempos de crisis que corren, se está aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid para intentar medidas de ahorro en educación y sanidad, no sólo como una forma de ahorrar, sino también como una forma de dominar a sus profesionales, acompañándolas de medidas coercitivas varias. No sólo se trata de ahorrar dinero subiéndole las horas de trabajo a los profesores, también de tenerlo más controlados, de contar menos con ellos, de no consensuar ningún tipo de decisión y, en definitiva, acabar con la libertad en una profesión que tradicionalmente ha sido santo y seña en ella. Educación, voluntarismo y libertad siempre han ido tradicionalmente juntas. Los ataques no sólo son económicos, también son políticos. Sobre todo políticos. Estas medidas comentadas se apoyan en un populismo barato que explota los supuestos privilegios del funcionario con trabajo, 
sobre el resto de la clase trabajadora mayoritariamente en paro. Aunque nos duela, sabemos que se ha creado previamente el caldo de cultivo necesario para que mucha gente aplauda estas actitudes hacia los docentes. No estamos sólo ante el aumento de dos horas lectivas más (nuestro horario son de 18 a 21 horas lectivas y muchas veces damos también 19, 20 o 21 hora), sino en el principio de toda una batalla contra la Educación Pública (ya mismo le tocará a la sanidad, el otro pilar de nuestro sistema de garantía social). No es que no queramos trabajar dos horas más, es que defendemos una educación secundaria pública basada en la cultura y en la libertad. No sólo son dos horas, en los últimos veinte años los profesores de secundaria hemos visto seriamente agravadas nuestras condiciones laborales, no hablo para nada de disciplina o de respeto de los alumnos, sino de  controles excesivos y absurdos, falta de confianza, imposiciones, abandono de acuerdos y consensos, etc, etc.  Es la nueva versión del Despotismo Ilustrado, "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". No son las dos horas de más, es que cada vez se apunta más personal a insultar y a minusvalorar nuestra profesión. Luego vendrán las consecuencias en forma de fracaso escolar, apatía, fatalismo e INFOCA (Instituto de Fomento del Catetismo). Y es que gente que piensa y actúa como Hobbes no sólo los hay en la Comunidad de Madrid o en el Partido Popular.


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