headerphoto

Las cicatrices de las guerras. 1

Hoy hace 75 años del golpe de estado de julio del 36. En Casas Viejas los dos bandos ante el golpe de estado tomaron las posiciones que los hechos de enero del 33 ya le habían asignado. Los partidarios del "esto no puede seguir así,  las reformas y el pan para todos" huyeron despavoridos (primero a la Sauceda, después a los pueblos de la serranía de Ronda donde tenían amigos y familiares, luego a Málaga y de ahí unos volvieron a Casas Viejas y otros marcharon a la zona republicana, vía Almería). Los partidarios del “orden, la firmeza y la honradez” asumieron el poder. Intentaron normalizar la situación lo más rápidamente posible, sin aspavientos y castigos innecesarios que ya se habían producido tres años antes. Son fuerzas foráneas las que matan a los dos socialistas que pierden la vida aquí por esas fechas (Benio y Francisco Fernández), y los que arrasan el sindicato de oficios varios, adscrito a la CNT y la casa del pueblo, el local de la UGT  y PSOE, situado en donde hoy está el bar Pajarito. También son los que acosan y hostigan a los que se habían significado por sus ideas reformistas, a ellos y a sus familias. En la Segunda República  en Casas Viejas, al sur del sur, en una población nacida y desarrollada al hilo del problema agrario, la ilusión por acabar con la pobreza y la injusticia endémica había crecido exponencialmente. Pero aquello "la tierra para quien la trabaja" en la práctica no dejó de ser más que una fantasía, una quimera o una ilusión óptica. El primer acto que demostraba en esta tierra que la República no podía ser fueron los Sucesos de Casas Viejas, el segundo y definitivo el 18 de julio de 1936. De hecho, caliente todavía el golpe, una comisión de Medina se desplazó a San José de Malcocinado para ajustarle las cuentas a los dos líderes del proyecto. Suárez Orellana se había marchado, Francisco Fernández Guerra de la Vega pagó con su vida no seguir a su cuñado y amigo. La incidencia del intento de solución del problema agrario no podía ser más evidente. En 1933 los perdedores fueron los anarquistas, en 1936 a estos se le unieron los radicales y los socialistas. Sopas, un gran personaje de la época, lo dejó clavado:“La República era la oportunidad de hacer algo bueno, pero había perdido”; Suárez Orellana también: “La desunión de los obreros hará el triunfo de la reacción, que es formidable en este pueblo”.
El tercer acto de esa derrota se plasmó en el franquismo. El flujo migratorio del segundo tercio del siglo XX convirtió a Casas Viejas en un péndulo sólo de ida. Una parte huyó tras los Sucesos, otros lo hicieron  durante  la Guerra Civil y un gran número emigró hacia Valencia en los años sesenta. Empezaron huyendo los que más se habían significado en la oposición a esta nueva España, como la familia Cruz Jiménez, Sopas, Tuerto Manguita, Suárez Orellana,  Antonio Duran, José Monroy, Moya Paredes …; les siguieron otros que aunque tuvieron un protagonismo político menor, ellos o su familia también habían participado en esa lucha por querer vivir en justicia y libertad. En los sesenta el éxodo rural tomó dimensiones escandalosas. Ahora bien, siempre con el problema político de fondo, los aspectos económicos, sociales y culturales predominaron. La salida a otras regiones fue la única vía que tenían todas estas personas para acceder a unas cotas de bienestar y progreso que en esta tierra se les negaba sistemáticamente.

0 comentarios: