La batalla del agua. 2


Para buscar el origen de la batalla por el agua en la Janda hay que remontarse a 1820 cuando aparece el primer proyecto de desecación auspiciado por la familia Moret. La relación entre los primeros proyectos, el problema agrario y la aparición de Casas Viejas como población estable y concentrada es evidente. No sólo coinciden las fechas, también las causas y las consecuencias. Fue José Moret (abuelo del que fue en tres ocasiones presidente del Gobierno de España, Segismundo Moret Prendergast),  quien  adquirió la propiedad de estos terrenos al conseguir licencia del gobierno para la desecación. El proyecto fue redactado en 1829 por el ingeniero Larramendi, contratado por José Moret. Como dice José Luis Blanco Romero en su artículo “Y también el agua” en los Apuntes históricos de Alcalá de los Gazules 2011:”La desecación de zonas húmedas fue un proyecto público muy recurrente, auspiciado por la avaricia de obtener la titularidad de amplias extensiones de tierra, con la justificación de mejora la salubridad pública, al eliminar unas zonas pantanosas asociadas a la reproducción del mosquito portador del paludismo”. El segundo proyecto hay que relacionarlo con el regeneracionismo militar (al igual que el tercero y definitivo) ya que Primo de Rivera consideraba, siguiendo a Joaquín Costa, que una de las soluciones a la modernización de España vendría por la política hidraúlica. En 1929 D. José Suárez Sinova  redactó el proyecto parcial para la desecación de esta laguna. Dice Recio Espejo: “Disponía la realización de obras de retención que impedirían las aportaciones de avenidas, de evacuación que facilitarían el desagüe, de colmatación para el saneamiento y puesta en cultivo de las marismas del Barbate, y de otras obras complementarias. Las obras de retención consistían en la ejecución de siete pantanos en los principales tributarios cuya misión sería el de regular el volumen de avenidas de forma que éstas no alcanzasen las vegas y fondos lagunares que se pretendía desecar. Las obras de evacuación consistieron esencialmente en la ejecución de un desagüe complementario al natural existente a través de la Barca de Vejer, lo que se lograba mediante el “colector del Este”. Tanto el primer proyecto como el segundo no se llevaron a cabo por la oposición de los vecinos y, sobre todo,  de los propietarios que permanecieron unidos en contra de él.

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