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La Guerra Civil en Benalup de Sidonia. La victoria. Los testigos locales en los sumarios. 1

Ya hemos visto en esta serie de la Guerra Civil en Casas Viejas que el hecho diferenciador con respecto al resto de España y, sobre todo, a los pueblos del entorno, es que salvo contadas excepciones, no hubo muertos en el Benalup de Sidonia de la Guerra Civil, fruto de los famosos “paseíllos”. Ello se debió a varios factores; en primer lugar, “el escarmiento” sufrido por los propios campesinos que hizo que mchos abandonaran el pueblo nada más comenzar la guerra y cuando volvieron la represión franquista se había  estabilizado y oficializado a través de la apertura de juicios sumarísimos. Por otra parte, los poderosos económicamente, que tras el golpe de estado lo volvieron a ser social y políticamente, conocedores de la represión  sufrida en el 33, intentaron que esta  no llegara al asesinato indiscriminado en la filas de los campesinos y lo consiguieron. El grupo que se hizo con el poder en el pueblo no tuvo un comportamiento homogéneo, mientras  que el jefe de la falange local o el alcalde pedáneo o el jefe del destacamento de la Guardia Civil  a través de los informes que recogen los sumarios mantienen un posicionamiento duro contra los jornaleros que hubieran participado en política, otros como algunos patronos, los encargados de estos, algunos industriales o determinados falangistas se caracterizan por una posición que sin que les llegara a comprometer se vislumbraba en ella ciertas dosis de comprensión hacia sus vecinos y en casos concretos posturas claras y nítidas de defensa. En cuanto al papel de la falange, Pepe Pilar dice en Los anarquistas de Casas Viejas: “No teníamos miedo de la Falange local, sino de los de Alcalá y Medina, porque el grupo local no mató a nadie del pueblo… Había un miembro de la Falange, José Guillén, que era nuestro amigo. Llevaba las ropas de la Falange, pero nos avisaba si se tramaba algo, si iban a apresar a alguien… Andrés Muñoz era un falangista. Tenía capital. Tenía tierras y 100 vacas”
Dentro del protocolo sumarial estaba incluida la declaración sobre la conducta del inculpado de varias personas de la localidad, además de los informes del alcalde, del jefe de la falange, de la guardia civil y a veces de los requetés. Se puede ver una doble tipología en los testigos que declaraban en juicios sumarísimos. En una primera fase, aquellos que corresponden con los diecinueve sumarios instruidos en el 37 cuando por orden de Franco se opta por la vía judicial para cualquier tipo de represión son de oficio y aparecen al preguntarle al inculpado por los patrones con los que han trabajado en el campo. En los otros 22 sumarios restantes, aquellos que se instruyen en el 39 cuando vuelven después de finalizada la guerra se le pide al inculpado que dé el nombre de dos testigos que puedan avalar su conducta.

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