La Guerra Civil en Benalup de Sidonia. La victoria. La justicia militar. 1


De los cuarenta y cinco sumarios estudiados veinticuatro se realizan una vez terminada la guerra, en abril del 39. Siete por auxilio a la rebelión, trece por adhesión a la rebelión y cuatro por delito de traición. Son aquellos benalupenses que huyeron en julio-agosto del 36, que no volvieron después de la caída de Málaga, que prosiguieron hasta Almería y de ahí unos siguieron por el mediterráneo, otros a Jaen y otros a Córdoba, luego se extendieron por el resto de España. Una vez terminada la guerra, la mayoría intentan irse a Francia pero no lo consiguen y vuelven a Casas Viejas, donde entran en la cárcel y se les abre juicio sumarísimo. Dieciocho de los veinte acusados por adhesión o auxilio a la rebelión salen absueltos tras siete u ocho meses en la cárcel, los que dura el juicio. Se le absuelve porque se considera que en “ellos concurre la circunstancia excimente de miedo insuperable nº 10 del artº 8º del Código Penal de aplicación al caso según lo dispuesto en el artº 173 del de Justicia Militar”. Recordemos que esta circunstancia excimente no se les aplicó a los que habiendo huido también en el 36 regresaron en febrero del 37, después de la caída de Málaga o tampoco se aplica a dos de los que vuelven en el 39; Juan Sopas y Curroestaca, que tenían viejas cuentas pendientes personales desde los Sucesos con el bando benalupense vencedor. A ellos dos se les condena a doce años y un día (a Sopas por adhesión y Curroestaca por auxilio) se les conmuta por seis y finalmente salen en libertad provisional cuando han cumplido tres años. Para explicar este trato diferenciado, en el primer caso se entiende porque las circunstancias y los objetivos no eran los mismo en plena guerra, que una vez finalizada ella. En el caso de Curroestaca y Sopas está claro que la justicia se aplicó con efectos retroactivos y no se les perdonó que se escaparan y no fueran juzgados en el 34.  En lo que respecta a los cuatro juzgados por deserción o delito de traición por pasarse del bando nacionalista al republicano a uno, José Durán Fernández, no se le juzga por declararlo en rebeldía el tres de octubre de 1940. A José Barberán Lara se le condena a doce años y un día, luego se le conmuta a seis y solo hace cuatro pues sale en libertad provisional el 14 de abril de 1943. A Joaquín Gómez Clavijo la sentencia lo absuelve saliendo en libertad el 23-3-1940. Al cuarto José Lino Reyes no se le acusa de delito de traición aunque también había desertado, sino de auxilio a la rebelión, por tal delito sale absuelto el 18-2-1942, saliendo en libertad provisional el 29-10-1941. En este caso ocurre lo mismo, la justicia militar franquista se vuelve más blanda una vez terminada la guerra, así los que volvieron tuvieron penas blandas, todo lo contrario que los que huyeron a Francia, como José Durán, Antonio Lino o José Jordán Casas que terminaron muriendo en Mauthausen.
Lo mismo que no es coherente la acusación a José Lino por auxilio cuando había desertado, tampoco lo es en el caso de la acusación de auxilio y adhesión. El juez instructor en varias sentencias deja claro la diferencia: “ Esta actuación que pudiera suponer la adhesión a la rebelión definida y sancionada en el número segundo del artículo doscientos treinta ocho no la consideramos incluida en el mismo, porque suponiendo la rebelión militar un alzamiento en armas dirigido contra la seguridad del Estado, la adhesión a las misma supone precisamente la intención cuando menos de tomarlas con esa finalidad de rebeldía. Por ello ya que en los autos contra la España nacional, limitándose exclusivamente a abandonar nuestra zona para auxiliar con su cooperación puramente pacífica a los rebeldes, su actuación cae más bien en el párrafo primero del artículo doscientos cuarenta, sancionador del auxilio a la rebelión, pues la incultura de los mismos y la poca trascendencia de su conducta no puede suponer la adhesión a la rebelión descrita y sancionada en el mencionado número del también mencionado artículo doscientos treinta y ocho”.

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