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Casas Viejas, un símbolo

 Este fragmento forma parte de un libro de Josefina Cuesta "La odisea de la memoria". Josefina Cuesta es
profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca y experta en la historia de la Transición.
...En esta labor destructuora de la memoria republicana, y en la aireación de sus errores o desbordamientos, los luctuosos sucesos de Casas Viejas pronto se transformaron en leyenda y después en memoria, en contrahito. En su época, los debates parlamentarios y la prensa le habían dado alcance mundial. Poco después, la dictadura franquista puso empeño en borrar el recuerdo, lo que indica que no lo consideró baldón para la II República ni útil para sustentar una permanente crítica. Casas viejas encerraba también una violencia política del Estado, de sus fuerzas de orden, y una subversión anarquistas, la sublevación de la miseria que más valía no recodar, ni siquiera relegada la un pasado cerrado. La interpretación del periodo dictatorial atribuía la responsabilidad a los anarquistas, en una bien conocida política del franquismo, que practicaba sin cesar “el efecto espejo”. Para sembrar el olvido, empezó por cambiar el nombre al lugar, Casas viejas, "sinónimo de miseria social y de violencia subversiva” se denominaría en adelante: Benalup de Sidonia. La leyenda de Casas Viejas quedaba sepultada bajo la “cultura del desaparecido”:desapareció además la causa judicial de los anarquistas y los documentos de orden público. Quedaban como testimonio documental las fotos de la prensa que había dado la vuelta al mundo, y el resto de recuerdo personal que hubiera podido encerrarse en el silencio. Sólo poco antes del fin de la Dictadura, Casas Viejas comenzó a salir del olvido y entró en el terrero de la crítica histórica caminando hacia la consolidación de la memoria histórica.
No obstante, la memoria política se hizo huecco en el cincuentanario. Los anarquistas erigieron un monumento en la plaza del pueblo, que sería demolido después. A fines de los noventa, el alcalde socialista consiguió maridar el presente con el pasado anudando los dos nombres del pueblo en uno solo: Benalup-Casas Viejas. Una tumba colectiva en el cementerio recuerda a los que murieron por el porvenir del pueblo.
Otros lenguajes se han ocupado de reelaborar los testimonios de la época y, cuando no ha sido posible, han recurrido a la ficción o al falso documental. En los años 80 (en realidad en 1990) los propios vecinos del antiguo Casas Viejas llevaron al teatro su propia tragedia. Estos mismo habitantes serian los protagonistas de una película sobre los hechos, dirigida por José Luis Löpez del Río. En la democracia, Casas Viejas se ha convertido en el acontecimiento revelador, como lo muestra todavía el interés de algunos estudios y fundamentalmente el eco de la recomposición de Basilio Martín Patino, quie “recupera y manifiesta el mito” creado posteriomente y fuerza la realidad que de3sborda esta falso documental, para hacernos asistir, en el presente, a este episodio simbólico de lo que fueron algunas de las rupturas de la II República. En1997 Basilio Martín Patino osó “redescubrir” hecho y testimonios en un “falso documental” o mejor en una narración verosímil con personajes de ficción, que ha tenido una honda resonancia. Hoy la arquitectura urbana ha borrado todo vestigio del pasado y de su miseria, no así de la gran propiedad en la que se inserta, ni de la tradición política de un pueblo que, a principios del siglo XXI, no tenía ningún concejal de derechas.

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