SANTISIMO CRISTO DEL PERDON. Por Pedro Ignacio Martinez Leal


Esta obra es de capital importancia ya que nos encontramos ante la primera talla de crucificado del artista carmonés, realizada por Francisco Buiza en 1952 y que fue regalada a la Parroquia de Ntra. Sra. del Socorro de Benalup por Dña. Sebastiana García Vela. La talla con una altura de 180 cm, está realizada en madera de ciprés y policromada al óleo, tuvo un coste de realización de 11.000 pesetas.

La imagen nos presenta a Cristo crucificado, ya muerto, en una iconografía que sigue los modelos impuestos por Juan de Mesa. En este crucificado Buiza sienta las bases de toda su posterior obra, realizando un crucificado de poderosa cabeza, con corona de espinas tallada en el propio bloque craneal, una anatomía atlética y muy detallada y sudario al estilo del crucificado de la Clemencia de Martinez Monteñes.

Esta obra recuerda bastante al Crucificado de la Sangre de la sevillana Hermandad de San Benito, realizado por el artista unos diez años después.


La talla puede considerarse la joya de la Parroquia de esta localidad, presidiendo el altar mayor de la misma.

No se trata de una imagen procesional, si bien, ha procesionado en Via Crucis en alguna ocasión. Las fotos que acompañan esta entrada corresponden al Via Crucis celebrado en el año 1963 por la Barriada de las Casas Baratas, el Cañuelo y aledaños.


Como curiosidad podemos decir que los extremos de la cruz fueron recortados para que la talla pudiera salir en Via Crucis, debido a las reducidas dimensiones de la puerta de la Parroquia.

Foto e informacion: BUIZA. Pedro Ignacio Martinez Leal. Ed. Cuadalquivir.
De esta página web extraigo las siguientes características de Buiza como escultor.
Francisco Buiza nace en Carmona en 1922...Sin dar lugar a vacilaciones, Buiza fue el experto más hábil en la creación, readaptación y hasta manipulación a sus gustos personales y al de la inmensa mayoría de la comitencia cofrade, de los estilos seiscentistas. En concreto, de los rasgos más epidérmicos y superficiales de la obra de Juan Martínez Montañés, plasmados en el estudio del juego de plegados de algunos sudarios como el del Cristo de la Clemencia. Pero sobre todo, tendrá presente al Juan de Mesa y Velasco que, emancipado de su maestro, acentúa y profundiza en la vida interior que respiran las cabezas de sus esculturas, amén del perfeccionismo somático y la sobriedad de planos volumétricos, propias de obras como el San Juan Evangelista de la Hermandad del Gran Poder y, sobre todo, el Cristo del Amor, de la Colegiata del Divino Salvador; de hecho la auténtica obsesión de Francisco Buiza al elegirlo como su unívoco modelo.
Exageración, fuerza, robustez, rebeldía, desproporción, dramatismo, tensión y, en muy contadas ocasiones, majestuosidad constituyen los invariantes estilísticos de la producción de Francisco Buiza; abanderado del conservadurismo neobarroco a ultranza, diestro dominador del oficio y transmisor, a su manera, de una sentidas convicciones religiosas plenamente asumidas.

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