La población de Casas Viejas a principios de los treinta

El carácter polémico y mediático de esta tierra ha quedado ya constatado numerosas veces en este blog. He hablado otras veces de las confusiones tradicionales habidas en torno al número de habitantes de Casas Viejas, hoy me voy a centrar en la población de este pueblo a principios de la década de los treinta. En una crónica aparecida en el Diario de Cádiz, el 11 de septiembre de 1915, con motivo de la celebración de la primera piedra de la iglesia, el periodista daba la cifra de tres mil como el número de habitantes que tenía el pueblo. La misma que decía 17 años después José Suárez Orellana en su famoso artículo sobre las pésimas condiciones del pueblo. Por otro lado, tanto el periódico El Sol como La Tierra coinciden en que la población de Casas Viejas en 1933 era de 1.200 personas, posiblemente consultando fuentes asidonenses. Gerard Brey y Jacques Maurice defienden en su libro sobre los Sucesos que en 1930 la población era de 1843 habitantes.
He encontrado en el archivo municipal de Medina un oficio del jefe provincial de Estadística que resume perfectamente está confusión en cuanto al número de habitantes de Casas Viejas en aquella época. Dice el escrito de estadística con fecha 13 de febrero de 1933: “Respecto a la entidad CASAS VIEJAS, es preciso explicar la anomalía de que en el año 1920 figuraba con 172 edificios y albergues y una población de hecho de 2397 habitantes y en el de 1930 aparece con 663 edificios y albergues y una población de 1843 habitantes, dándose el caso extraordinario de que a un gran aumento de edificios y albergues corresponda una considerable disminución de la población”.
Es decir, de 1920 a 1930 Casas Viejas había multiplicado por cuatro el número de viviendas, mientras que había perdido unos quinientos habitantes. El alcalde de Medina da las explicaciones oportunas mediante escrito con fecha de 21 de febrero de 1933: “Respecto a la cantidad de Casas Viejas debo manifestarle que si en el Censo de Población de 1920 figuraba esta cantidad como una población de hecho de 2.397 y en el del año 1930 con la de 1843, los motivos de que en el Nomenclátor del expresado año 1930, incluirían en la cantidad de Casas Viejas los habitantes de Albarianes, Algámitas, Alisoso, Arenosa, Cañada del Valle y El Cuervo colindantes todas ellas con el núcleo de Casas Viejas, las cuales no aparece enumeradas en el Nomenclátor de 1920, uniendo a esto el que la población total de éste término municipal en aquella fecha era mucho mayor que en 1930, al haber decrecido considerablemente la densidad de población en esto últimos años y que el aumento de edificios y albergues de la repetida entidad Casas Viejas en relación al número que arroja el Nomenclátor de 1920 lo constituye principalmente y en mayoría, chozas de castañuelas, cuya construcción es sumamente económica por ser hechas por los mismos individuos que la habitan, albergues estos, que lo utilizan unas veces como cohabitación y otras lo destina para animales domésticos exclusivamente. Salud y República”. Estos escritos además nos sirven para sacar algunas conclusiones. En la segunda y tercera década del siglo XX el crecimiento de Casas Viejas es importantísimo, mientras que Medina se estanca. En 1910 el término de Medina tiene 11.846  mientras que el censo de 1930 reflejaba una pérdida de sólo diez personas, con un total de 11.836. Por otra parte, ese crecimiento brutal del número de chozas en Casas Viejas en la tercera década del siglo XX corresponde al aluvión de “sopacas” que se instalan fundamentalmente en las dos zonas de ensanche de esa época en el pueblo: La calle Nueva y la mitad septentrional de la calle Medina. El crecimiento de la población y de la chozas en Casas Viejas, pese a las cifras oficiales, está relacionado con el proceso desamortizador y el paso a propiedad privada de los bienes de propios y comunes. La oligarquía de base pecuaria que domina el Ayuntamiento de Medina intenta poner diques a ese crecimiento incontrolado del antiguo pago de Casas Viejas.  También, este baile de números, esta contraposición entre la población oficial (menos de 2.000 habitantes para la fecha) y la real (más de tres mil) es un reflejo de que la lucha por la segregación posterior no va a ser por la independencia, sino por el término.

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