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La casa de los Espina

En un pueblo tan nuevo (pero con tanta historia) como este no hay muchas casas señoriales, al igual que puede pasar en Medina por ejemplo, pero sí algunas. La casa de Carmen Alcántara, al lado del bar Ricardo, la de la familia Sánchez (que anteriormente pertenecía a la familia Vela Morales) y la antigua de Juan Pérez Blanco enfrente del Tato, la de Juan Vela Morales, encima de Casa Marie o la de Antonio Pérez Blanco en la calle Torreta, pueden ser algunos ejemplos. Pero si yo tuviera que darle el título a la más señorial y a la que conserva mejor las características y las huellas de su antiguo uso es sin duda, la casa de los Espina, en la calle San Francisco. Se trataba de una especie de cortijo dentro del pueblo. Tiene dos pisos de piedra y cal. Los cuartos de la familia y de los sirvientes ocupaban el primer piso, el segundo estaba destinado a almacén. Abajo estaban las cuadras para los caballos donde los trabajadores se congregaban cada mañana y tomaban café antes de trabajar. En las cuadras también se esquilaban las ovejas. En la puerta de la entrada se conservan las siglas FGV y el año 1902. Ese fue el año que Francisco García Vela le dio la forma actual sobre otra edificación anterior que pertenecía a su tío y suegro Francisco Vela López, con cuya hija Nicolasa había casado. La hija de Francisco y Nicolasa (Sebastiana) casó con el médico José Espina Calatriú, que heredó la casa principal y por ello siempre ha sido conocida como la casa de los Espina. En ella se puede observar todavía la gañanía, donde los campesinos se quedaban a dormir, los salones y el jardín o las numerosas habitaciones. Arriba las cámaras que servían de almacén. Anexas, en los patios, muchas cuadras y almacenes, lugar en el que se quedaron a dormir la noche del 10 de enero del 33 los trabajadores que tradicionalmente trabajaban con José Espina para protegerlo en caso de incidentes con los que por la mañana iban a declarar el comunismo libertario. Decía Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas:”Había establos que albergaban a seis mulas y dieciocho bueyes. En la estación de siembra, se juntaba cada buey con una vaca para formar tiros. Un capataz supervisaba los terrenos y organizaba el trabajo. Había pastores para el ganado, las cabras y los cerdos; y la casa albergaba a tres o cuatro sirvientes que guisaban y ayudaban a las tareas domésticas. Cada año se llenaba de trigo los almacenes que ocupaban el segundo piso de las casas hasta que se tenían que cerrar las ventanas para prevenir el derramamiento del grano”. Yo he tenido la suerte de que me la han enseñado con detenimiento uno de los dueños actuales de ella. Todavía hay una estancia en el patio que conserva las huellas de los numerosos salazones que se fabricaban en esta casa. Una visita por ella es como hacerlo por el mundo de los propietarios agrícolas del siglo XX. Su conocimiento nos ayuda a comprender mejor este pueblo. Hay que entender que los primeros propietarios de Casas Viejas tenían su residencia principal en Medina y en “la aldea” habían construido una vivienda que les serviría además de residencia para dirigir desde ella su explotación agraria. Por eso, las cuadras, las cámaras o la preciosa gañanía que todavía se conserva. Las casas citadas al principio de esta entrada son posteriores a esta y ya va a dominar en ellas el uso residencial. Las primeras casas señoriales se hacen en la calle San Francisco y de ahí, en sucesivos ensanches, se construyen en La Alameda y el principio de la calle Nueva (hoy Rafael Bernal). Esta casa es la única que ha conservado la estructura tradicional de este tipo de viviendas cortijo (la de Antonio Vela Pérez Blanco o la de Antonio Pérez-Blanco Estudillo tras diversas modificaciones han perdido el carácter al que nos referimos). El tipo de vivienda responde a un momento y un aprovechamiento concreto, está ha resistido hasta ahora a las modificaciones y adaptaciones que el paso del tiempo le ha ido exigiendo, conservando las características de su primitivo uso. Sin duda, la causa de ello debe estar relacionada con su origen y poderío.Lo que no sé es cuanto tiempo resistirá. La crisis actual ha parado el crecimiento excesivo y la destrucción de parte de nuestro patrimonio. Veremos lo que pasa cuando atravesemos otro periodo de crecimiento. Las fotos de Mintz

1 comentarios:

el principito dijo...

Buen articulo y buen comentario del Sr. Gutiérrez Vidal. Para mi gusto faltan algunas fotos del interior, aunque espero que algún día me la enseñe su propietario.