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Regreso a Casas Viejas. Raúl del Pozo

Un día llegó a Benalup Casas Viejas Raúl del Pozo, era finales del siglo pasado. Traía los avales de Antonio Romero, uno de la famosa pinza, y el de la fama que le daba ser uno de los escritores más famosos del periódico El Mundo. La editorial Planeta le habia encargado hacer un libro sobre Casas Viejas, el presente y el ayer. Habló con mucha gente y a mí me impresionaba que todo lo que le decíamos lo tenía que contrastar con otra fuente. Recuerdo que cenamos en la Venta de Enrique en las Lagunetas y me dijo que era el sitio de todos los que había estado en Benalup que más le había gustado. En Madrid había muchos restaurantes de muchos tenedores pero las tagarninas y los espárragos que les puso Enrique no los podía comer allí. Trabajo con los alumnos del IES les hizo unos cuestionarios a diversos cursos y edades, siempre contrastando las preguntas. Aquello quedó en nada. Otro proyecto frustrado en torno a Casas Viejas. Sólo conseguimos un pequeño texto, este que publico hoy.
"Para llegar adonde voy hay que atravesar el viento de Levante que trae el desierto con sus barbas de moro. Pretendo llegar a una ladera inclinada donde se esconde un pueblo. Intento acercarme desde la Costa del Sol a las tierras de Medina Sidonia. Veo muchas gaviotas en los muladares de Tarifa. Las gaviotas se alimentan de basura y son unas aves feroces; las temen las garzas y las ánades; simbolizan el infortunio. Los niños de esta punta del mapa las miran con desconfianza porque la leyenda dice que se comen los ojos de los ahogados de las pateras; las llaman golondrinas de piratas. Los pescadores y marinos saben que son fieras voladoras. El sitio adonde quiero llegar está rodeado de alcornocales y acebuches, lentisco y palmito; sobre esos arbustos sobrevuelan los verdones, las tórtolas, los mochuelos y las abubillas. En los alrededores del lugar que busco hay una de las mayores colonias de cigüeñas. Las garcillas que se instalan cerca de embalses y lagunas. Ya no hay grullas. Sí, aguiluchos, cenizos y patos. Hay madroñós, brezos, laureles, escobones, sauces, durillos, buitres, alimoches, águilas perdiceras, vencejos, estorninos, el cuervo. Además de venados, a pesar de los furtivos. El acebuche es el olivo salvaje y tiene mucha utilidad; su fruto se llama acebuchina y sirve de alimento del ganado y para hacer un aceite especial.
Quiero llegar hasta Benalup, un alegre pueblo que un día muy lejano se llamó Casas Viejas y vivió una tragedia de la que hablan todos los libros de historia."
La foto es de Mintz de principios de los setenta

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