La Guerra Civil en Benalup de Sidionia. Fase inicial. Los motivos de la huida.

Ya vimos en la entrada anterior como el miedo generalizado en Casas Viejas fue la causa principal de esa huída masiva. El miedo a los falangistas de las poblaciones vecinas o a las tropas mercenarias marroquíes “se fue por el pánico que le produjo el desembarco de los moros y represión de los mismos”. Pepe Pareja lo explica muy bien en Los anarquistas de Casas Viejas: “Me preguntaron :”¿Por qué te fuiste?”. Dije: “Me fui por miedo”. ¿Miedo de qué? “Oí que los moros que llegaron a Vejer habían matado a gente, por lo que me asusté y partí” “Sí” dijeron, “los moros son muy crueles.” No podía decirles “Escapé de vosotros, criminales.” Tuve que protegerme y decirles que tuve miedo de los moros… Estaban matando a gente con las manos atadas por todo tipo de venganzas personales, y yo había tenido aquí una disputa con señorito (José Vela) a propósito de un alquiler de tierra, y yo no sabía si él estaba en el movimiento o no.” La causa principal fue el miedo alimentado por los Sucesos de 1933. El juez instructor en el sumario de José Moreno Estudillo dice: “Su marcha, alega ser por miedo cosa que al parecer se apoderó de los vecinos de Casas Viejas y especialmente de cuantos sufrieron prisión por los Sucesos”
En la declaración de Manuel Vera Moya leemos: “Que se marchó solo, y que lo hizo por temor pues conociendo ya el precedente de la represión de Casas Viejas ocurrida en mil novecientos treinta y tres ignoraba y por lo tanto temía las medidas que pudiesen adoptar las autoridades que representaban el Movimiento Nacional”. En los anarquistas de Casas Viejas Mintz con el testimonio de Juan Pinto retrata muy bien esa atmosfera de psicosis colectiva: “ Estaba en mi casa y Juan Estudillo estaba calle arriba. Alguien dijo: “¡Llegan los moros!” Cuando oyó esto, se quedó de una pieza. Y yo también… Alguien había dicho: “¡Aquí llegan los moros!” y toda una multitud empezó a correr. Se dio un alboroto. Los moros no vinieron. Nadie vino. Juan quedó muy preocupado y, al día siguiente, fue al pozo y se arrojó a él. Creía que iban a matarlo: “Antes de que me mate esta gente, me mato yo.” En la foto de Campúa aparece Juan Estudillo, el tío de Manoli Lago, uno de los anarquistas con más prestigio en el pueblo.
La mayoría en las declaraciones de los sumarios aduce el miedo “por el miedo que le infundieron sus amigos” para justificar su marcha. Hay quien intenta convencer a las autoridades militares que su marcha no fue voluntaria, sino forzosa y así es muy recurrente el recurso a que fueron secuestrados por milicianos “rojos” en alguna marcha por la sierra. Solo en el caso de los hermanos Fernández Rodríguez, Antonio y Francisco, parece ser cierto ese argumento. Y en ese sentido declaran dos testigos que fueron hechos presos en Jimena, cuando iban a Ubrique en compañía de su padre a ver a una tía suya. Así  el guarda Idelfonso Márquez Castillo, natural de Jimena de la Frontera declara: “Que a principios del Movimiento una tarde, vio que Antonio Fernández Rodríguez, en unión de tres o cuatro individuos más iban conducidos por unos ocho o nueve milicianos armados con escopetas y al preguntarle Miguel García y García, que le acompañaba, a uno de los detenidos que adonde iban le contestó que los llevaban presos a Jimena. Que el sitio donde les vio se denomina “Breña Redonda”, termino de Cortes de la Frontera”. Este caso nos sirve para ejemplificar que el grupo de guerrilleros republicanos, donde predominaban los de ideas libertarias,  aposentados en torno al campamento de la Sauceda hicieron presos a algunos viajeros, pero la mayoría se unía a ellos voluntariamente. La cantidad de personas que huían de la zona nacional hacia la republicana y hacían parada en la Sauceda fue tal que tuvieron que tomar medidas especiales de organización. Pero eso será tema objeto de la próxima entrada de la serie.

Arriba Juan Estudillo en foto de Campua, abajo Pepe Pareja y Antonia Márquez en foto de Mintz.

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