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La sierra. Por el Coronel Verner. 1914. Y 2



Lo anterior es un breve intento de describir la región en que los precursores de nuestra raza vivieron y murieron, cuyas misteriosas huellas de su existencia me he encontrado con tanta frecuencia durante los últimos años. Por lo que he entendido de los expertos en pinturas rupestres, la gran mayoría de ellas, así como los fragmentos de cerámica, silex y piedras labradas, que he visto en medio de las montañas de arenisca pertenecen al Neolítico y se supone que datan de 8.000 a 10.000 años. Siendo el lugar difícil de recorrer, el hombre prehistórico parece haber elegido los lugares más convenientes y adecuados para vivir. Como la mayoría de la gente sabe, ahora hay un camino justo de Cádiz a Tarifa, y de allí a Algeciras. De Algeciras este camino corre hacia el norte hacia Alcalá, pero un poco después de la salida Los Barrios sucumbe a la enfermedad predominante en Andalucía, y al parecer pronto se cansaron de hacer la nueva carretera, volviendo a su  estado original de un camino de herradura. Por lo tanto para visitar las sierras hace falta hoy como siempre un caballo, mula o burro.  Hay pistas transitables para los animales de carga entre todos los principales pueblos y caseríos, que son bastante buenas si el tiempo es seco. Además, hay innumerables veredas o caminos secundarios, algunos transitables a caballo, otros sólo a pie, y cuya existencia solo conoce la gente del entorno. Algunos de estos caminos han sido principalmente usados por el ganado y los rebaños de cabras que pastan en las laderas, y han sido utilizados por aquellos cuya ocupación les lleva a recorrer las sierras por la rutas menos frecuentadas. En los últimos años, debido al gran desarrollo del comercio de corcho, algunas de las hasta ahora casi veredas intransitables se han mejorado para permitir que los burros cargados de corcho puedan para pasar por ellas. Pero como esta cosecha de corcho sólo se produce aproximadamente cada siete años, en los periodos intermedios las inundaciones del invierno y la jara creciendo vigorosamente borran estos caminos hasta que tienen que volver a ser utilizados por los corcheros. De todo esto se  desprende que para llegar a donde habitó el hombre prehistórico es una tarea difícil y ardua, y en muchos casos, a pesar de las distancias reales cubiertas no son muy grandes, el estado de las pistas es tal como para prolongar una viaje hasta la noche y te obliga a dormir y continuar con la expedición el día siguiente. Como yo no tenía muchos conocimientos de prehistoria, tuve mucha suerte cuando el invierno pasado vino a mi casa el abate Breuil,  pudiendo escuchar sus puntos de vista y explicaciones sobre los hábitos y costumbres del hombre prehistórico. Al visitar estas cavernas, la primera pregunta que se plantea uno es por qué el hombre del neolítico ha seleccionado ciertas cuevas para sus pinturas. Cuevas que por su forma y tamaño no servirían como vivienda habitual. Muy comúnmente encontramos un embaldosado que se inclina tan abruptamente que lo hace imposible para dormir en él.  El abate me señaló cómo en muchos casos tales cuevas estaban en riscos bastantes elevadas sobre la cuenca o entre rocas circundantes. Me sugirió que con toda probabilidad el hombre prehistórico construía sus viviendas de matorrales y cañas, probablemente muy similar a las chozas o viviendas  de los pastores de hoy. Además todas tenían una fuente o una corriente de agua muy cerca. Las cuevas de encima podrían haber servido para la realización de ritos religiosos o en algunos casos también podrían haber servido de  defensa en caso de ataque a los valles cercanos. En tales especulaciones la única manera de llegar a una conclusión razonable es que se acumule una gran cantidad de ejemplos. Durante este pasado invierno se han inspeccionado más de cincuenta cuevas, ya sea con dibujos de los hombres o animales, o con ejemplos de la escritura misteriosa. En muchas ocasiones no encontramos nada. Si no habían existido o se habían borrado es imposible de saber.
Pero en casi todos los casos en que se encuentran pinturas en las cavernas, había, muy cerca, lugares adecuados para el hombre para habitar, y en la mayoría de los casos hubo también una buena fuente de agua, a veces a pocos metros de las propias cavernas, como se describe en el Tajo Segura en mi capítulo anterior.

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