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La razzia de las siete de la mañana. 1


Poco antes de las siete de la mañana se encontraban en la posada Luis Barberán Madueño; el guardia de asalto herido, Fidel Madrás; los enviados del gobernador civil Arrigunaga, Gessa y Suffo; los médicos Ortiz y Hurtado; el alcalde pedáneo Bascuñana; varias personas del pueblo y los oficiales de Asalto y Guardia Civil. Rojas manda un telegrama a las 6,45 diciendo que:"terminada esta misión seguiré haciendo las detenciones de los cabecillas del movimiento, a cuyo fin le seguiré informando". Seguidamente, a las siete, hace tres patrullas: una, al mando del suboficial Barriobero que se quedó vigilando la zona baja del pueblo, donde vivían los propietarios y se encontraba la fábrica de la luz, para evitar ataques. Las otras dos cuadrillas, junto a Rojas, Castrillón y el delegado del gobierno, subieron calle Nueva arriba hasta la corraleta, allí se dividieron. El teniente Sancho Álvarez y los guardias civiles García Rodríguez y Gutiérrez  se encargarían de la parte izquierda de la calle Nueva, la calle Medina, bajando  por el callejón de la Rica. Artal con Salvo, se encargaría de la calle Nueva. El hecho de que se eligieran estas dos calles es significativo. Se trataba de la zona urbana dominada por las chozas que había acogido la expansión urbana de principios del siglo XX y donde vivían los jornaleros adscritos mayoritariamente al sindicato de oficios varios de inspiración anarquista. Al igual que la elección de calle no fue casual, tampoco lo fueron las casas concretas que registraron. Se concentraron en la parte alta de las dos calles, aquella donde habían construido sus chozas los jornaleros, “sopacas”, gente que venía huyendo de su pueblo por diversos motivos... en la década de los veinte y treinta.  Rojas subió calle Nueva arriba hasta el montículo que hoy está situado junto a las pistas verdes, desde donde siguió y dirigió las operaciones. En media hora detuvieron a 12 hombres, 6 cada patrulla, también iban a asesinar a Antonio Barberán Castellar, que salió de su choza justo en el momento en que patrullaban por la calle Medina el grupo de Sancho, García Rodríguez y Gutiérrez.
 Artal y los suyos, con el guardia civil Salvo como conocedor del pueblo, apresaron a los 6 de la Calle Nueva.  3 lo fueron en  la casa de Juan Silva y María Cruz, ubicada  frente a la corraleta de Seisdedos atravesando el callejón de la Rica. De allí se llevaron a Juan Galindo González, Juan Silva González y Cristóbal Férnandez Expósito. Un poco más abajo, en el mismo callejón,  estaba la casa de María Cruz, en donde arrestraron a los dos primos: Andrés Montiano Cruz,  y Balbino Zumaquero Montiano. María Cruz García, la madre de Andrés Montiano Cruz, lo tenía clarísimo:"La mañana del 12 llegaron los Guardias de asalto con dos guardias civiles que  estaban en Casas Viejas, que eran quienes los señalaban a los que había que detener. Uno de los Guardias se llama Salvo y el otro García Rodríguez". El último prisionero  fue Fernando Lago. Estos 6 detenidos lo fueron en un radio de 50 metros, en los ranchos que, separados por el callejón de la Rica, se situaban frente al  habitado por Seisdedos. Hasta tal punto las viviendas  de la familia Lago y Montiano estaban cerca que, cuando en los años sesenta los Ruiz-Mateos compran su casa, en la escritura aparecen las  viviendas de estas dos familias. Parece claro que los 6 detenidos no lo fueron al azar, todos tenían vínculos con el movimiento campesino anarquista y ellos o sus familiares habían participado en los hechos del día anterior. Cristóbal Fernández Expósito no se enfrentó a tiros con la guardia de asalto como escribieron después algunas fuentes anarquistas, él no participó en los Sucesos,  había estado buscando espárragos. A las cuatro de la mañana, cuando empezó el fuego en la choza de Seisdedos, por miedo a que ardiera la suya (situada en el número 18) se trasladó hasta la casa de Juan Silva (número 15),  amigo del padre, allí lo detendrían. El que sí había participado era su padre, Diego Fernández Ruiz "el Tullio",  huido y posteriormente juzgado en  junio (resultó absuelto). Juan Silva González, que también pertenecía al sindicato, era hermano de Jerónimo Silva, tesorero del sindicato y miembro de una familia en la que dominaban las ideas libertarias; su hija María, por ejemplo, había militado en el grupo anarquista juvenil  Amor y Armonía (junto a las dos Catalinas, hermana y prima, Manolita Lago, Francisca Ortega y Ana Cabezas) y su cuñado Pedro Cruz Jiménez era vocal del comité. Juan no huyó al campo pues  estaba enfermo.
El contenido de las tres entradas apareció en mi libro Itinerarios por Casas Viejas. He creído conveniente reproducirlo en este blog. En las dos fotografías los hermanos Juan y Jerónimo Silva González.

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