headerphoto

LA LUCHA DE LOS HOMBRES BUENOS. Por Francisco José Nieto Reyes. Publicado en Facebook

Siempre que mi madre se encontraba con Pedro en Torrent (Valencia), le decía lo mismo: AY CARI, CADA VEZ QUE TE VEO ME ACUERDO DE TU PADRE, MI AMIGO ANTONIO.
Pedro Moya Paredes nació el mismo año que mi abuelo Antonio, en 1912, en el pueblo de Casas Viejas (Cádiz). Ambos crecieron con las mismas inquietudes de libertad, de llevar a la concreción el sueño de que todas las personas seamos iguales. Ambos fueron detenidos tras decretarse en el pueblo el comunismo libertario en 1933. Tambien huyeron en los dias siguientes al 18 de Julio de 1936, y tomaron el camino hacía Málaga, junto con más paisanos, inluidos mi tío-abuelo José y su mujer. En la batalla de Pozoblanco Pedro y mi abuelo se perdieron la pista.
Pedro Moya fué Capitán del ejército republicano, y cuando terminó la guerra fué nuevamente detenido. En 1939 se le aplicó un consejo de guerra, le condenaron a 12 años. En 1941 salió en libertad provisional, si bien la persecución fuera de la cárcel era, si cabe, igual de cruel que el presidio. Vivía prácticamente de noche y de día se mantenía oculto en la sierra. En 1945 fué declarado en rebeldía, lo que le obligó a huir a Tánger. En 1953 fué nuevamente capturado y llevado a prisión con una condena de 13 años. Salió de la cárcel en 1964 y se fué a vivir a Torrent.
Ya de mayor pasaba temporadas en su pueblo y ya, por último se quedó allí. El pasado domingo, 16 de enero, murió a los 98 años de edad.
Cualquier descendiente de los emigrantes de Casas Viejas que viven en Torrent (ambos pueblos están hermanados), saben quién es Pedro Moya. Un hombre a quién el puño del fascismo no consiguió aniquilar su idea de España, de esa España que a veces es madre y otras es madrastra, de esa España que te cobija y que te mata. El franquismo no tuvo nunca la conciencia de unificar a las dos bandos. El amor de los golpistas era excluyente. Se crearon un país a la medida de ellos, mientras la otra mitad malvivían escondidos dentro de la frontera o deambulando por esos mundos.
Pedro Moya fué un hombre bueno. Ha muerto el que vió con sus ojos a mi abuelo Antonio, el que habló con él y compartió sus luchas. Los testigos se marchan y nosotros nos quedamos para seguir escribiendo la historia...

0 comentarios: