La fiesta de la cultura y la libertad

Quienes superen o rondamos los cincuenta años no nos es difícil recordar el calendario festivo del franquismo. Cuando los franquistas llegaron al poder eliminaron las fiestas republicanas del 11 de febrero (triunfo electoral del Frente Popular), el 14 de abril (proclamación de la Segunda República), el 1 de Mayo (que después sería renombrado por San José Obrero o artesano) y la celebración del carnaval. Las sustituyeron por un conjunto de fiestas que al cincuenta por ciento celebraban acontecimientos religiosos y otro cincuenta por ciento para acontecimientos político, expresando ese carácter nacional-católico que domino al franquismo. Los mentados arriba nos acordamos de  del 1 de Octubre (Día del Caudillo), 18 de Julio (Alzamiento Nacional), 1 de Abril (Día de la Victoria). Además de otras recuperadas como el 2 de Mayo (Guerra de la Independencia) o 12 de Octubre (transformada de fiesta de la Hispanidad a fiesta de la raza). El otro cincuenta por ciento (La Purísima, el Corpus, Santiago, San José, la Asunción, San Pedro, Navidad, Reyes o Semana Santa…) de carácter religioso se mantienen en la actualidad casi en su totalidad. Como ya escribí en otra entrada “controlará el pasado quien conquiste en el presente la hegemonía política y social”, pues igual sentencia se le puede aplicar a establecimiento de las fiestas.” Resultado: en una sociedad plural como pueda ser la española del siglo XXI, las fiestas religiosas superan el 60 o 70 por ciento, y si añadimos las locales, el porcentaje puede ser del 70 o el 80%. Algo más propio de una sociedad medieval”.  En cuanto a las dos locales, una es de carácter religioso-festivo 25 de julio y otra el 21 de marzo (no sé como calificarla, aunque en un principio conmemoraba la segregación de Benalup-Casas Viejas, la Vaquilla y el botellódromo han dominado últimamente).  Y aquí quería terminar yo. La relación de las fiestas con la memoria histórica ha sido siempre evidente. La administración franquista lo tenía claro: “El ejercicio de la memoria es una actividad que nuestra sociedad reserva a las fiestas. No hay fiesta oficial, por ello, que no trate de recuperar del olvido alguna gesta o acontecimiento heroico a fin de de socializar a la comunidad que la celebra en los valores que encarna”. Yo propongo que cada 11 de enero se celebre en Benalup-Casas Viejas la fiesta de la cultura y la libertad, que en torno al aniversario de los Sucesos de Casas Viejas se realicen distintas actividades y actos. Podríamos celebrar la lucha por la libertad, igualdad y dignidad. Una ocasión estupenda para promover los valores cívicos colectivos que mejoren la convivencia social. También se podría plantear celebrar en esas fechas unas jornadas de puertas abiertas donde mostrar nuestro patrimonio histórico y cultural. Si aparece en calendario festivo o no, si es oficial u oficiosa, y el tipo de actos y actividades lo dejo al criterio y voluntad de  quien detente la hegemonía política y social.
 Este cuadro aparece en el libro de Josefina Cuesta  La odisea de la memoria

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