Ana María Marín Cózar

Ayer murió Ana María Marín Cózar. Ana María era una persona con tanto peso en la vida social del pueblo y con tanto cariño en la mía personal que he decidido utilizar mi blog para hacer pública mi condolencia  por tan sentida pérdida. Pertenece a dos de las familias de más raigambre del pueblo. Los Marín, hortelanos, comerciantes y carnavaleros. Los Cózar tejeros, albañiles y constructores. La primera palabra que se me viene a la mente relacionada con esta mujer es fortaleza. Para afrontar la vida, para relacionarse con los demás y, sobre todo, para lo que más le interesaba, poner un granito de arena en su familia. Nunca vivió de prestado, marcó el ritmo, no se lo marcaron, fue protagonista de su vida. No le temía al tiempo, porque sabía que esa era la fuente de su fuerza. La segunda es bondad. La conocí recien llegado a Benalup en 1992, ha sido, sobre todo en la primera etapa, la persona que más me ha ayudado en mis incursiones a través de la historia de Casas Viejas. No había una exposición o un libro que hicieramos en el que ella no colaborara o asistiera. Una de sus primeras intenciones en la vida era ser buena, y como la mayor parte de las cosas que se propuso lo consiguió. La tercera es socialización. Los que la hemos conocido, siempre la recorderemos con una sonrisa, con un consejo y con una buena palabra. Era un imán que atraía a la gente y hacía que se relacionaran entre sí. Esa capaciadad para ser centro y repartir siempre me atrajo de Ana María. Y la cuarta y última palabra que voy a poner es inteligencia. Esa frase que no te decía, esa sonrisa que esbozaba, ese comentario que te guiaba, ese estar disponible a lo que te hiciera falta... sólo podía ser señal de agudeza. Hoy me he acordado de Antonia Jordán Casas que murió el año pasado y que fue, según decía ella misma, madre de teta de Ana María. A ambas el sistema oficial no les reconoció nunca sus méritos y virtudes. Fueron tantas que no les hizo nunca falta. Se van las horas, los días, los meses, los años... no sabemos donde, no sabemos con quién. Se van. Se nos escapan entre las manos, se desvanecen, se hacen añicos, nos explotan en la cara. Como decía la canción "el tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos". Pero el tiempo nunca se va solo. El tiempo siempre viene acompañdo de la memoria, sin ella el tiempo es nada, es silencio, es olvido. Ana María se hizo fuerte, buena, sociable y sabia muy pronto y vieja muy tarde, justamente cuando se le acabó su tiempo. Por eso, precisamente por eso, Ana María siempre estará en nuestro recuerdo y memoria.

Comentarios

Vicente Peña Romero ha dicho que…
Mi más sentido pésame...
Anónimo ha dicho que…
Salus queremos agradecerte el reconocimiento que has hecho, a la que fue para nosotros, la mejor esposa y madre del mundo. Familia Román Marín

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