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Salvador Del Río Barberán Y 3

Todos sabemos de la tradicional tendencia amarillista de la prensa, pero en este caso debería tener más razones que la supuesta orfandad de un muchacho de 13 años para la repercusión mediática que tuvo. A Rojas lo juzgaron y condenaron a 21 años en el juicio de mayo del 34 por catorce asesinatos. Quedaban fuera los ocho asesinados en el casarón de Seisdedos, pero sí incluía el de Rafael Mateos Vela, que había muerto el 11 a las 14 horas de la mañana por los disparos de la Guardia Civil de Alcala comandada por el Sargento Anarte, cuando Rojas estaba todavía en Jérez de la Frontera. En esos catorce también estaba Antonio Barberán Castellet, el único de los asesinatos, junto a Rafael Mateo, en el que Rojas no había intervenido. Estaba claro que con esas inclusiones se quería alimentar la tesis de la casualidad, del enfrentamiento mutuo y en iguales condiciones entre casasviejeños y guardias de Asalto. Una vez pasado el juicio los mimos y cuidados a Salvador del Río se olvidaron. De hecho, a todos los familiares de la razzia se le asignó una pensión de 3000 pesetas anuales, pero no a él, ni a su familia, pese a las protestas y cartas enviadas al Congreso por su tío Antonio Barberán. Es más, el mismo Salvador del Río no entendía esas atenciones hasta el día del juicio. Como dice un familiar suyo:” El contaba que le pidieron muchas veces perdón y que lo mimaron y lo trataron muy bien, a diferencia del resto de las familias de las víctimas, cosa que no entendía mucho”. Parece claro que Salvador del Río fue una víctima de los Sucesos que pretendió ser utilizada en un momento dado y posteriormente, como todas, abandonada a su propia suerte. A través del facebook entré en contacto con su hija Francisca Del Río que vive en Mallorca. Me cuenta en un correo electrónico: "Podría hablar o escribir sobre mi padre, durante horas y horas, sobre su carácter, sus gustos, sus pasiones: el Real Madrid, y la lectura, sobre todo la biografía histórica y la historia en sí, pero si de algo no puedo decir nada es sobre los sucesos, yo me enteré de que habían matado a su abuelo delante de él de boca de mi madre y siendo yo muy niña. Mi padre sólo dijo dos frases relacionadas con ese episodio: una, la frase de su abuelo "no tirar que no soy anarquista" y la otra fue una reflexión que hizo un día "ya ves tú, qué mal habría hecho un viejo de 74 años" (no recuerdo el contexto). Fue mucho después de su muerte cuando me interesé por este tema (demasiado tarde), el nunca habló de lo ocurrido, y hasta que no leí el libro de los Sucesos y contacté contigo y con Tano, ni siquiera sabía que había habido juicio por estos hechos y mucho menos que mi padre había declarado en calidad de testigo. Me duele mucho pensar en su dolor: la experiencia traumática de un niño de 13 años que ve morir a su abuelo de una forma tan cruel quedándose prácticamente solo en esta vida". Salvador del Río Barberán no sólo tuvo que soportar la tristeza y la violencia de presenciar in situ la muerte de su abuelo, también, como el resto, superar la manipulación y la loza de silencio posterior impuesta. Como gran parte de su familia y del pueblo trabajó en el campo y después en la construcción. En los años sesenta, al igual que casi todas las familias de las víctimas de los Sucesos, emigró, en su caso a Mallorca donde se estableció y vivió hasta el 1996 donde murió. Dice Francisca del Río:"Mi padre salió de su tierra, de su pueblo, para sacar adelante a su familia, pero ni allí ni aquí tuvo una vida fácil, le tocó luchar mucho, no se adaptó ni se integró a este lugar y murió creyendo que estaba en Casas Viejas".
En la foto de arriba portada del Diario de Cádiz, en el centro con su mujer en el Tajo y abajo en el juicio, foto publicada por el ABC.

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