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Salvador del Río Barberán. 2


Juan Gutiérrez era un Guardia Civil, natural de Alcalá de los Gazules que aunque con destino en Chiclana había trabajado varios años en Casas Viejas con anterioridad y sabía que Antonio Barberán, como él les dijo a los guardias de asalto no era anarquista. Por eso le parecía tan injusto y tan inútil ese asesinato, por eso acarició y se compadeció del nieto Salvador del Río y por eso, minutos después, permitió a Salvador Barberán, hijo del anciano asesinado, que abandonara la cuerda de presos que se dirigía a la corraleta de Seisdedos. Esa decisión le salvaría la vida. Tano Ramos lo contaba así en Diario de Cádiz: " Gutiérrez contó que al aproximarse a la casa, los guardias de asalto vieron cómo Barberán se asomaba a la puerta y después entraba; que conminaron al anciano a salir, que Barberán no lo hizo, “quizá asustado por los mismos sucesos”, y que entonces los agentes hicieron un disparo sobre la parte alta de la casa; que al ver que así tampoco salía, hicieron fuego sobre la puerta y lo mataron. Y que luego, cuando supo quién era el muerto, él les dijo a los guardias de asalto que Barberán era un hombre pacífico...En realidad, como dejaron claro algunos testimonios, ocurrió que los guardias de asalto sí le habían pedido a Barberán que saliese y que se fuese con ellos, pero Barberán no sólo no lo hizo sino que desde dentro, desde detrás de la puerta, les respondió a los guardias que él no era hombre de ideas y que no le disparasen porque él no había salido de casa en toda la noche. A esas frases respondieron los guardias disparando contra la puerta y el anciano cayó muerto...El anciano Barberán era el padre de Salvador Romero Barberán, uno de los dos vecinos de Casas Viejas a los que minutos después, aquella misma mañana del 12 de enero de 1933, Gutiérrez salvó de una muerte cierta en la corraleta de Seisdedos. Tal vez en ese momento, cuando cayó en la cuenta de que Salvador iba a ser asesinado, pensó que esa familia ya tenía bastante tragedia aquel día con un muerto y con un niño huérfano que se había quedado sin abuelo."Los dos Salvador, Del Río y Barberán, nieto e hijo de Antonio Barberán cobraron un gran protagonismo en los días posteriores: periodistas, fotógrafos, mimos y cuidados por parte de las autoridades… Parecía como si sólo se hubiera cometido un error con ellos por no ser anarquistas, porque como dijo el guardia Salvo en el juicio el resto de las víctimas "Dentro de la ideologia todos eran malos". En el juicio al capitán Rojas de Mayo del 34 continuaron y se ampliaron esos cuidados y esas atenciones a Salvador del Río. Salvador fue el protagonista sentimental del juicio. Decía Tano Ramos: “El testimonio del nieto de Barberán conmocionó a los asistentes al juicio. Los periódicos de Madrid incluyen en las crónicas menciones al chaval y la impresión que causó su declaración en la Audiencia. ¿Qué no hubiesen sentido si el fiscal o el abogado de la acusación hubiesen llevado como testigos a otros familiares de los asesinados?” De hecho fue la única víctima que tuvo protagonismo en el juicio y que declaró en él. Arriba Salvador del Río es fotografiado por Serrano en la puerta de su casa en la calle Medina, en el centro con los amigos en la romería de la Yeguada, abajo en el juicio con el médico Federico Ortiz.

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