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Planos complementarios

Esta foto de arriba es de las que más me gusta de Mintz. Por muchas cosas, primero por el trabajo que nos costó localizarla. Recuerdo que fue en la Peña del Cádiz, en el barrio San Agustín, cuando al ampliar la fotografía en el portátil vimos Pepe y yo que era la misma que publico abajo. En segundo lugar, porque esta foto representa el desarrollo acelerado sufrido por Benalup-Casas Viejas en los últimos cuarenta años. Y en tercer lugar porque evidencia que Mintz guardó para “quien quiera mirar” un patrimonio que sin su fotografías se hubiera perdido. La foto es de 1970. Las chozas se sitúan al final de la calle Nueva, esquina San Blas, hacia calle Medina (hoy Independencia), el centro del pueblo en la actualidad. Aparecen una serie de ranchos donde la choza es dominante. También se observa algún casarón y una casa de tejado de Uralita. En este caso los cercados no son de alambre o brezos, sino de muros de piedras. En la última choza a la izquierda un grupo de vecino charla, escuchando la radio, mientras las mujeres cosen.



Dos familias posan delante de la cámara del americano, que vivía muy cerca de ellas, en lo que hoy son las pistas verdes y por ello era un lugar habitual de paso para Mintz. Es de las pocas fotos de Mintz donde los fotografiados miran a la cámara, posan directamente. Los hombres descansan después de una dura jornada, las mujeres no descansan nunca, para eso están los pespuntes o la máquina de coser. A la izquierda el matrimonio propietario del rancho, José Ortega Herrera, el hombre del picón y Francisca González Pérez, Paca la del Picón. A la derecha los vecinos José González y Josefa Carretero Torres, “Rechina”. En medio la hija y las nietas. Los hombres acaban de llegar, las mujeres llevan toda la tarde en la corraleta, la presencia de la radio las delata.



Son dos fotos complementarias. La de arriba es una perspectiva general y la de abajo es un plano corto. En la de arriba observamos el burro que utilizaba José Ortega para trabajar con el picón, en la de abajo vemos enseres que ha hecho el mismo José Ortega, como las sillas de enea, las canastas o los dos pinceles. Era José Ortega de esos hombres catalogados como “manitas”, pues además de con el picón y la toniza, se atrevía con lo que hiciera falta, como con los zapatos de los vecinos.
El fondo de brezo, castañuela, cañas, flores y tiestos reciclados nos sitúan en un mundo donde la simplicidad no debe reducirlo a “más pobre”, ni la nostalgia a “más maravilloso”. Un mundo distinto al actual, que podemos analizar y recordar gracias a estas fotografías impagables de Mintz. Y que no debemos arrinconar, pues para entender el plano actual, hace falta conocer el anterior.

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