Mujeres en Paternilla

Como en la foto de los jornaleros en el Tajo, en esta también Mintz retrata a sus personajes sin mirar de frente a la cámara, con naturalidad y apoyándose en el fondo; la casa con tejado a dos aguas (propiedad del señor Alonso), la choza y las tunas, reflejo de un periodo de transición de un tipo de sociedad tradicional a otra moderna. A mí me va servir para repasar la vida de dos mujeres de Casas Viejas. A la derecha aparece Rafaela Suárez Mateos que vivió toda su vida en el campo de Benalup para al final venirse a Paternilla, donde puso un ventorrillo hecho de un sombrajo de castañuela. Rafaela había nacido en las Algamitas el 2-12-1871, hija de Francisco Suárez Márquez, labrador de Algeciras y Rafaela Mateos María de Medina. Sus abuelos paternos eran Francisco Suárez, natural de Rodiles, Asturias y María Rita Marques de Algeciras. Los maternos eran Juan Mateos y María Macias de Medina. Todos labradores. Luego se trasladó al casarse con Alonso Rodríguez Domínguez al Monasterio del Cuervo cuando era propiedad de Vicente Ruiz, allí trabajaron con el ganado y el carbón. A los cinco años se pasaron al Alisoso, propiedad de Pascual Cervera. Su marido trabajaba con las cabras y el carbón. Los hijos ayudaban en los hornos y además eran corcheros. Rafaela y su hijas se encargaban de las cabras y de hacer el queso. Más tarde se mudaron a los Arenalejos, donde pusieron una venta de bebidas. A finales de los sesenta se trasladan a Paternilla, trasladando también la venta. Después de recorrer medio término se establecen en Paternilla, donde el padrón de los arrieros permitía suelo gratis para construir la choza.
A la izquierda María Aguilera. También vino de fuera, de la parte de Bolonia. Cuando llegó al pueblo trabajó en casa de la tía de “Pepito Fernández” .
Las dos son mujeres que vienen de fuera y hacen su choza  como otros muchos en el padrón de Paternilla, de tal forma que hubo un momento que cerraron y dejaron sin salida por el oeste la finca de la Orativa.
Tanto María como Rafaela permanecen ajenas a la cámara de Mintz mientras que este dispara. Ambas conservan este gesto repetido que hemos visto miles de veces. Rafaela se lleva el brazo al cuello, mientras que María ponen los dos suyos en jarras. Ambas de riguroso negro, aunque Rafaela lleva puesto un mandil, miran a un lugar indeterminado que por la media sonrisa y la paz que lucen huele a niños pequeños. Han vivido ajenas a telenovelas y cine, a cosméticos y cremas antiarrugas, a top model y trajes de sevillanas. Las dos han vivido una dura vida, han sobrevivido a sus maridos, han criado sus hijos, y en las postrimerías de su vida ayudan a criar a  sus nietos.

Comentarios

ANTONIO MORENO ha dicho que…
¡Que recuerdos! "Paternilla" fue el lugar donde vinimos a vivir cuando nos trasladamos desde "las Torrecillas"; Maria Aguilera y Rafaela dos buenas vecinas a las que recuerdo con mucho cariño y por supuesto a Alonso, el marido de Rafaela, que lo mismo me echaba broncas por no haberle llevado el casco del refresco que iba a comprar que me daba consejos de anciano con todo el cariño del mundo.
Saludos,

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