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Sociead moderna versus sociedad tradicional. Y 2

Podemos consensuar que el campo se ha abandonado y los pueblos se han convertido en ciudades pequeñitas. La gastronomía popular se ha quedado para resaltar el tipismo local en guisotes de amigos o en algunos restaurantes de la zona. Las fiestas se parecen a las antiguas solo en el nombre. Las tradiciones se han perdido todas, salvo el carnaval que de tanto mirar a Cádiz cuesta mucho reconocerlo. En definitiva, la mecanización y la urbanización se han impuesto y la vida tradicional ha desaparecido.
Pero algo nos dice que, precisamente ahora que estamos inmersos en una crisis tremenda con el proceso de cambio consiguiente, la solución no está en una huída hacia delante que implique acabar con todo lo tradicional e imponer el mundo urbano y postmoderno. Los que vivimos en el mundo rural y queremos seguir viviendo en él, deberíamos ser conscientes en las circunstancias actuales, de que no valen ni grandes saltos hacia delante, ni hacia atrás. El progreso será progreso y más para nuestro mundo rural si no es excluyente. A modo de pantano natural y cultural podemos vivir en el futuro del pasado, en el sentido de que un menor desarrollo que el entorno ha
hecho que se destruya en menor medida el medioambiente que en los espacios que nos rodean. No podemos olvidar que estamos en el mundo de la globalización y del viaje continuo. En él el mundo rural tiene guardado un espacio para el turismo sostenible, esperemos. El hombre cibernético del siglo XXI necesitará muchas cosas para relajarse del stress que impone la ciudad, y los pueblos. La naturaleza y la cultura cada vez son más demandadas por el ciudadano culto y preparado que busca un ocio moderno y respetuoso con el medio ambiente e histórico. Dice Julián Plaza: “El aumento del tiempo de ocio, que incremente la actividad viajera, y la necesidad de recuperar la esencia humana, le convierten en ávido investigador de hechos y vestigios exóticos del pasado. Se interesará por la arqueología, la antropología, la historia, la geografía, en una medida que hoy no podemos sospechar. He aquí el futuro… Hay que buscar, aconseja Levi Strauss a los apresurados- el modo de reconciliar la noción de progreso con el patrimonio cultural”. Por muy postmodernos que nos queramos presentar, somos lo que somos y venimos de donde venimos. Tenemos un sustrato tradicional en el que nos hemos formado que es parte de nosotros. En definitiva, sería una locura pretender en uno segundos de tiempo histórico global borrar de la faz de la tierra una forma de vida que lleva años de ese mismo tiempo histórico global y más cuando en la división mundial del trabajo al sur y al mundo rural nos han asignado explotar lo que tenemos para vender y regalar; patrimonio histórico y natural. Se trata de aplicar la sostenibilidad al patrimonio natural y cultural, desde una perspectiva local, aquello que ya intentara llevar a cabo el plan Benalup 2000. Si conocemos y entendemos nuestra cultura y nuestra naturaleza la querremos mejor y la protegeremos con más eficacia. Por tanto no se trata de sociedad tradicional contra sociedad moderna, o la inversa, sino progresar velando por los derechos de las generaciones futuras, que es lo que siempre han querido los padres y madres decentes para sus hijos e hijas.

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