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Se te nota en la mirada

Como prometí esta fotografía tendría una entrada en exclusiva. La foto es magnífica, por lo que se ve y por lo que representa. Once mujeres y un niño. Está por un lado, Amelia Espiau y Manola Guerra, con su hijo Francisco Javier y sus dos hijas, ambas esposas de médicos, la segunda de Martínez Becerra y la primera de Francisco Segovia, el que hace la foto. El resto de las mujeres, las ocho restantes pertenecen a la familia Vela Espina, la familia con más prestigio social y tierras de Benalup-Casas Viejas desde su fundación hasta los años setenta del siglo XX. En ellas me voy a centrar. En la fila de en medio, sentadas en taburetes colocados para la ocasión aparece de izquierda a derecha Juana (“Reinero”) García Vela, su hermana Sebastiana, Ana Barca Romero casada con Juan Vela Morales, primo de las anteriores y Nicolasa Vela Morales, hermana de Juan. Por la vestimenta del grupo parece que estamos cerca del verano, así como por los majestuosos abanicos que portan, no obstante, van de riguroso luto y manga larga. En la fila de arriba, Amelia que es la única que en ese momento no vive en Benalup de Sidonia no mira con fuerza, prestancia y seguridad a la cámara de su marido. Manola luce llamativo collar, mientras que Luisa Vela Barca (por encima de su madre) y sus primas Nico y Pura Espina García (hijas de Sebastiana Vela) lucen la medalla de la Virgen María sobre traje negro que denota también luto. Luisa es prima segunda de Nico y Pura.


El primero que llegó a Casas Viejas comprando tierras dentro del proceso desamortizador del siglo XIX es Francisco Vela López, abuelo de las cuatro mujeres de la fila de en medio (en el caso de Ana de carácter político) y patriarca de la familia. Tuvo dos hijos Antonio y Nicolasa Vela Pérez Blanco. Ésta a su vez casó con otro primo suyo (Francisco García Vela) siendo fruto de ese matrimonio Juana y Sebastiana García Vela, las dos primeras por la izquierda. No fueron extraños los enlaces entre los Espina y los Vela, por ejemplo Nico Espina García, primera por arriba a la izquierda, casó con José Vela Barca hijo de Ana y sobrino de Nicolasa las dos de la fila central por la derecha. Pero además de los vestidos y de las relaciones familiares de las ocho mujeres de la foto me llama poderosamente la atención el hecho de que estamos ante ocho personas con una trascendencia inmensa en la vida pública del Benalup Casas Viejas del siglo XX. A la derecha las Vela, a la izquierda las Espina. Es cierto que en este siglo y en este pueblo la mujer tuvo un papel secundario y estaba relegada al ámbito privado, pero por diversas circunstancias, sobre todo las cuatro más mayores, jugaron un rol en los acontecimientos políticos y sociales de su época como casi ninguna mujer lo ha hecho en la historia de Benalup-Casas Viejas. Ellas empezaron teniendo la casa principal en Medina, y la casa de campo en la aldea, en Casas Viejas. Luego, fueron viniendo los hijos y ellas se fueron adaptando a las circunstancias y a los nuevos tiempos. Debido a la mayor fortaleza de la mujer a largo plazo que el hombre se quedan viudas, unas antes que otras, y van a ejercer un matriarcado con la fuerza que emana de una mujer defendiendo sus intereses familiares. Como en 1954 cuando Sebastiana García y Ana Barca se enfrentaron por el disfrute de las agua de una fuente. Hay quien dice que la foto está hecha en casa de los Espina (de Sebastiana Garcia), otros en casa de Ana Barca. Lo cierto es que estas dos casas, más la de Nicolasa y la de José Vela Morales son las cuatro con más poderío de Casas Viejas. La foto es de principio de los cincuenta, pero los tiestos de la maceta son de barro, no de materiales reciclados como los de la inmensa mayoría de las viviendas del pueblo. Si fijamos la vista sobre las tres mujeres de la fila central, las tres que llevan abanico; la mujer de José Espina Calatriu, la mujer de Juan Vela Morales y la hija de Antonio Vela Pérez Blanco, observaremos que las tres tienen la fuerza en la mirada que da haber sido de las personas más poderosas de la primera mitad del siglo XX en Casas Viejas, y en unos momentos donde el poder, como El Soberano, era cosa de hombres.

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