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En las Torrecillas. Por Antonio Moreno

   En “las Torrecillas” transcurrieron los primeros seis años de mi vida; hace cuarenta años de eso y las imágenes están muy difusas en mi memoria; sin embargo, hay varios recuerdos imborrables. Uno de ellos es una de aquellas tardes cuando se sacaban las carretas de la construcción denominada “el  corral”;  todos los colonos estaban allí, ayudándose unos a otros a montar las carretas en los albores del verano, para recoger las cosechas, etc.…
   El año sesenta y nueve fuimos otra de las familias que “emigramos a la ciudad”; nos vinimos a Benalup. Solo recuerdo de aquel día que venía montado en un caballo con mi abuelo. Aunque nos vinimos a Benalup, no nos  separamos de las torrecillas.  Cuando yo crecí y tuve edad de ayudar a mi padre iba con él todos los días “al campo”, o “allá lante”, una expresión acuñada para designar nuestra parcela en aquella época.
   Ayudaba en las tareas de la siega; recuerdo el trillo, la pala de aventar, algunas  noches durmiendo en la era,  cuando ya teníamos coche... y el problema del agua; los pozos se iban quedando sin agua uno tras otro...La “matilla” y “el “tollo”, que estaban en nuestra parcela, “el pozo de la higuera” en el padrón... ; luego teníamos que venir al río y, algunos años, el río se secaba y al final del verano teníamos que venir  a darle agua al ganado (las vacas) en “el Alamillo”.
 


Escasez en verano pero abundante en invierno; cierto “invierno de agua” tuvimos que dejar el coche en la vega de “Manzorro”, amarrado al puente pequeño con una cadena porque todo estaba cubierto de agua.
   Otro recuerdo imborrable era la siega con las cosechadoras, cuando tenía la oportunidad de subirme y observar de primera mano la recolección… y escuchar  las imprecaciones de los conductores (“los soldaos”),  cuando las máquinas, aún no desarrolladas  mucho tecnológicamente, cogían una piedra y tenían que parar y arreglar el desaguisado.
    Todo aquello ha cambiado; hace poco  tiempo estuve visitando junto a mi familia el lugar donde estaban las chozas donde vivíamos; no hay rastro de ellas, pero los pocos recuerdos que quedan en mi mente fluían con viveza; las Torrecillas ha cambiado hoy cien por cien.  Ya no es una comunidad de colonos; algunos herederos de los que lo fueron mantienen aún la parcela… Otras se han vendido… “La carretera” se deteriora paulatinamente... Cuando voy por allí aquello se me antoja vacío, alejado de la vida  dura, difícil, complicada,  que allí hubo, pero vida al fin y al cabo, donde se forjaron ilusiones y se luchó por sobrevivir. Yo tuve suerte; no pasé hambre allí. Otros si la pasaron; fueron tiempos muy complicados de los cuales yo solo puedo dar unas pinceladas y rendir homenaje a los que allí trabajaron arduamente para que sus descendientes tuvieran una vida mejor.

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