Las hijas y nietas de Seisdedos. De Antonio Ramos Espejo. Catalina Silva. Testigo vivo de la historia. 4

"Vivir para estar en continuo sufrimiento. Es un dolor acumulado, noche tras noche después de aquella matanza de enero de 1933, el que persigue a Catalina (Casas Viejas, 6 de enero de 1917), que entonces era una niña de dieciséis años. Vivió tan directamente aquellos momentos que estuvo a punto de colarse en la choza del abuelo cuando se interesó por lo que realmente estaba pasando con su familia. Catalina Silva Cruz, hija de María, nieta de Seisdedos, hermana de María Silva la Libertaria, rememora aquellos hechos a sus 95 años desde Montauban (Francia)...
Los recuerdos de esta valiente mujer afloran con lucidez. Catalina no olvida el contexto en el que vivía España, cuando un enviado de Jerez, supuestamente del sindicato de la CNT, llegó a decirles que había comenzado una revolución anarcodindicalista y que había que hacer trincheras y cortar las carreteras. Como casi todo el pueblo, desesperado ante tanta gente que se moría de hambre, por tantas enfermedades, Catalina ayudó también a hacer trincheras para la resistencia.
Pero la escenas, los recuerdos, que no se le van de la cabeza, son aquellos que vivió con la intensidad de una epopeya. Catalina se encontraba con la familia en su casa con sus padres y hermanos, menos María, que estaba en la choza del abuelo. Desde allí esperaban acontecimientos. Su relato, contado con esfuerzo, con palabras surgidas del sentimiento y la rabia, es un documento impresionante. En la choza estaba el abuelo (la abuela ya había fallecido), su tía Josefa, viuda con dos hijos, sus tíos Pedro y Paco, y su hermana María.
  • Y ya cuando rodearon la casa de guardias civiles y de asalto, dispuestos a entrar. La puerta de la casa estaba entreabierta. Era al oscurecer cuando empezó la batalla de los guardias. "¡Salid cobardes, salid cobardes, salid!" Y "¡Os vamos a matar, salid!" Y daban unos gritos. Uy, de todo eso nosotros nos enterábamos desde nuestra casa, que no estaba lejos. Y después ya cuando mi madre la pobre estaba llorando, mi padre hacía ya una semana que estaba enfermo en la cama con un catarro pulmonar, con 40 de fiebre. Mi madre no hacía más que llorar. "¡Ay el abuelo!, ¡ay María!, ¡ay!..." Los llamaba a todos pero todos estaban dentro de la choza. Y entonces le digo a mi madre: "Todo eso que dicen no es verdad, lo están diciendo para meter miedo". Esas voces que daban los guardias civiles y los guardias de asalto: "¡Os vamos a matar!"... Y yo decía que eso era metiendo miedo. Y digo "Ahora voy a ir yo a casa del abuelo". Y entonces salí. "¡No hija, no! Dejálo", me decía mi madre. Pero yo me voy a casa de mi abuelo, y al entrar por el escalón, mi abuelo me dice:"¡Vete, vete, vete corriendo pa casa!. Estaban con la luz apagá y estaban todos allí dentro. Entonces me fui pa casa y al salir por el portal un guardia civil me dice:" ¡A donde vas, so puta!" Me fui corriendo, corriendo. "¡Te voy a levantar la tapa de los sesos!" Cuando me dispararon, las balas cayeron en una higuera. Cuando llego a casa les digo que nos están asustando, pero que no pasará nada. Y al momento empezó la orden: "¡Venga!, ¡venga gasolina, gasolina! que los voy a matar a todos... ¡Venga, más gasolina!" Y no le había metido todavía fuego a la casa, pero al cabo de una media hora ya empezó a arder porque el techo era de pasto; los muros eran de pared, pero los techos eran de pasto. Y seguía la voz: "Que los voy a matar", y daban una descarga, y otra descarga... Yo me quedé en casa con mi madre, mis hermanos, mi tía, una hermana de mi madre, y también la familia de Manolita Lago, que vivían cerquita (todos en lo que hoy es la casa de María Mateos, en la calle Nueva). Allí estábamos todos. Y seguían diciendo: "Más gasolina, más gasolina". Y ya empezó el fuego, que se extendía por toda la casa. Fue cuando mi primo Manolito se escapó, que fue el primero... No podía hablar del susto; y no se quedó en nuestra casa; tenía tanto miedo, que se marchó al campo. Ya se estaba hundiendo la casa, cuando María se pudo escapar por el otro lao y saltó por encima de una burra que había matao. Y después entre las tunas pudo pasar hasta llegar a casa, la pobre con el pelo todo quemado y con una herida en la pierna de una bala que la había alcanzado.
Aquella mañana la Guardia Civil acribilla a todos los ocupantes de la choza. Luego les prende fuego. El capitán Rojas emprende después la caza de campesinos casa por casa. Detiene a los enfermos, ancianos y niños que no habían escapado. Sacan de sus casas a doce campesinos, los llevan al corralito de la choza ardiendo y allí son esposados y asesinados por los guardias civiles y de asalto. Entre las víctimas, el padre de María y Catalina, que seguía enfermo en la cama. Catalina no olvida aquella segunda parte de la tragedia.

Comentarios

casasviejas ha dicho que…
Hola,Salu me encanta todo lo que hace por este pueblo, mejor dicho por nuestro pueblo.Me gustaría si puede ser que sacaras más cosas sobre Catalina.Una pregunta es que si esta Gran mujer volvió alguna vez a Casas Viejas y si volvió que tiempo hace.¿por qúe el ayuntamiento no ha hecho algo para darle un homenaje o algo parecido?

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