Hijas y nietas de Seisdedos. De Antonio Ramos Espejo . Mercedes Cruz. De luto permanente. 1

Este mayo del 2010 Antonio Ramos Espejo ha publicado su último libro: Andaluzas, protagonistas a su pesar. En él hay un capítulo dedicado a las "hijas y nietas de Seisdedos". Voy a reproducir diferentes fragmentos del citado libro:
"Cuando entré en su casa, Mercedes Cruz, hija de Seisdedos, seguía con su pañuelo de luto en la cabeza. Su mirada desconfiada ante el intruso se fue apaciguando en gestos de dolor y rabia. En ese invierno frío de 1978, ni la lluvia podía apagar los rescoldos que aún quedaban en el corazón de esta mujer callada y sufrida, como si aquellos días de 1933 fueran ayer mismo, en el momento aquel de la masacre, con el inciendio de la choza y la muerte de todos los ocupantes de su familia; víctimas de la represión de los campesinos, sacrificados por la utopía del movimiento revolucionario anarcosinalista. Mercedes vio como pudieron salvarse de la quema sus sobrinos María y Manuel. Los demás ocupantes no se libraron ni del fuego ni de las balas del pelotón comandado por el capitán Rojas -el mismo que años después intervendría en la detención de Federico García Lorca (Granada, 18 de agosto de 1936)-, siguiendo instrucciones del Gobierno de Manuel Azaña. Nunca dejó Mercedes que se le contaminaran sus recuerdos. "Aquí no habrá ni tele, ni radio, mientras yo viva", me deciá la hija del legendario campesino. El luto se apoderó de esa casa. En su memoria, su nieto Miguel Prieto recuerda con tristeza a su abuela y a su madre: "Mi abuela, la pobre, siempre estaba llorando. Yo me acuerdo que se acostaba de noche y nada más que llorar, y llorar... Y mi madre siempre con depresión; y también mi abuela. La depresión parece que siempre ha estado metida en la familia" A Miguel Pavón Pérez cenetista, tuve la oportunidad de conocerlo y grabarle su testimonio: "Estuvimos toda la noche de conflicto. Entonces el pueblo era todo de chozas. Cuando prendieron fuego a la choza de Seisdedos, la madrugada del 11 al 12 de enero, mi padre, al ver que las pavesa ya entraban en nuestra choza, nos decía: "Irse, irse, irse". Porque a la gente la cogían y la echaban al corralillo de la choza de Seisdedos. Allí les aplicaban la Ley de Fugas y caían fusilados para disimular así que eran unos crímenes. Primero metieron a uno que traían esposado, Quijada, dándole porrazos. Total, que todas aquellas criaturas que sacaron de sus casas y los que estaban dentro de la choza muerieron fusilados o quemados. Nosotros, como muchos vecinos del pueblo, nos fuimos al monte... Seisdedos era una buena persona; era un hombre muy bueno, rebelde. Ellos formaban una familia siempre unida. Los hijos, los nietos, todos, iban a hacer carbón. Seisdedos no pensaba más que en trabajar y en su afición, que era la cacería. Pero, antes que nada, el trabajo".Manuel Prieto, el marido de Mercedes, que se había escapado milagrosamente de la quema, fue quien me puso en contacto con aquellos regueros de vida que se salvaron de la primera muerte: María y Manuel. De María quedaba con vida su legado más importante, en San José del Valle (Cádiz). Y Manuel, el niño de trece años, vivía ausente ya para la historia, en una barriada de Puerto Real. Desde que tuve la fortuna de conocer a estas familias honradas y dignas, nunca he logrado despegarme de sus historias y de sus vidas".
La fotografía es de Antonio Ramos Espejo

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