Cumpleaños cien

Esta fotografía se hace en conmemoración del cien cumpleaños de Manuel Prieto Peña. Manuel había nacido en 1901 en Alcalá y se vino a Casas Viejas en 1928. Casó con Mercedes Cruz, hija de Seisdedos, viviendo en la calle Nueva, frente a su yerno y al lado de los Lago, Montiano y resto de los Cruz. Fue el único hombre de la familia de Seisdedos, junto al joven Manolo García, que quedó vivo. Luego toda la familia se fue yendo y quedaron ellos sólos en Benalup. Aquí, de la calle Nueva se fueron a vivir al rancho de Ana Tineo en la calle Benalup, terminando viviendo en el Tajo, antes de irse a Cantarrana con su hija. Su mujer no se llegó a sacar ni el carnet de identidad y sufrieron toda la represión del franquismo, más el estigma de ser la única familia descendiente directo que vivía en aquel Benalup de Sidonia. Manuel tuvo siete hijos, veintises nietos, treinta biznietos y cuatro tataranietos. Como hombre culto de su época le gustaba leer, recitas poesías y hacer crucigramas. Nació en la Restauración, vivió la República, la Guerra Civil, el Franquismo y la Transición a la Democracia. "El niño que está al lado es Raul Montero (hijo del de la Venta Blas).La tarta se la compró la Asociación de Vecinos Torrecillas de Cantarranas para su cumpleaños. Fueron muchos vecinos a ese acto. Este hombre, cuando vinieron de un periódico creo a entrevistar a la hija Catalina (la madre de Miguel Tomate) salió con el bastón diciendo; "la queréis dejar en paz de una vez, no os parece suficiente con lo que ha pasado". (Corresponsal de desde la Historia de Casas Viejas en Cantarranas). Sobre una tarta donde aparece el dígito de los cien años, ni ninguno de los dos, ni Raúl, ni Manuel, saben donde depositar la mirada. Manuel coge al pequeño por ambos brazos, no le hace falta físicamente, pero necesita arropar y coger a alguien como ha hecho toda su vida. El rostro del joven Raúl es suave, terso, inmaculado...el de Manolo está arrugado, cansado, pero satisfecho. Orgulloso de haber vivido tantas batallas y estar allí, dispuesto a contar algunas a quien quiera escucharlas. Pasado y futuro, esa es la vida, mientras nos entretenemos en vivir el presente. Él venía de una época en la que se admira la experiencia que viene de la vejez, época excepcional en la que suelen llegar sólo los más ricos, pero que de vez en cuando jornaleros que han tenido suerte y se cuidan, como en este caso o el de Pepe Pareja, llegan a los cien años. El abuelo era el primer escalafón de la familia, era el primero, por ejemplo, que se le servia la mesa. En la época actual el anciano ha perdido su centralidad e importa lo joven, lo rápido, la fuerza, lo efímero y frugal. Se desprecia un tanto la experiencia y se favorece la fuerza, la presencia física, apareciendo todo tipo de estrategias para lucir joven. Es la época de los geriátricos como lugar donde atender a nuestros ancianos, como una necesidad de esta sociedad que nos ha tocado vivir, como una alternativa ante el gran problema que se les presenta a muchas familias porque no pueden prestarle la atención a unos seres que quieren tanto. Pero el problema no es reciente, un escriba egipico, Ptah-Hote escribía sobre el año 2450 A.C: "¡Qué penoso es el fin de un viejo! Se va debilitando cada día; su vista disminuye, sus oídos se vuelven sordos; su fuerza declina, su corazón ya no descansa; su boca se vuelve silenciosa y no habla. Sus facultades intelectuales disminuyen y le resulta imposible acordarse hoy de lo que sucedió ayer. Todos los huesos están doloridos. Las ocupaciones a las que se abandonaba no hace mucho con placer, sólo las realiza con dificultad, y el sentido del gusto desaparece. La vejez es la peor de las desgracias que puede afligir a un hombre".
Leo en una página de internet:"Hace unos años, en Benalup, tuve el privilegio de conocer a un viejecito maravilloso, el yerno de ‘Seisdedos’. El me relato, sin rencor, sin odio, todo lo sucedido. Quiero agradecerle todo lo que me enseñó, todo lo que aprendí de su vida, de su manera de estar en el mundo. Mimemos y alimentemos la memoria, la personal y la colectiva. Aportado por: Maria Dolores Rodriguez"
Manuel Prieto Peña murió unos pocos años más tarde en Cantarrana rodeado de la admiracion y el cuidado de los suyos. Viviendo de la misma forma en el que había vivido siempre, cuidado cuando hizo falta, por los que él cuidó cuando a él le correspondió. Me imagino que con la misma media sonrisa de satisfacción que tiene en esta foto, agradeciendo la fiesta de su cien cumpleaños. ¿Quién se apunta?

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