De los palafitos a los palacitos Y 3

Sigue Mergelina “El ajuar de estas chozas es también interesante. Junto a cacharros de cerámica corriente traída del pueblo cercano (Casas Viejas y hechas por Luis Torrijas), es dado ver el dornillo o cuenco de madera (de los que siguen construyendo miembros de la familia Mañez) de chaparro hecho de una sola pieza y hábilmente trabajado, recipiente muy usado en la región y análogo a los empleados en la provincia de Toledo y en otras regiones españolas. En algún rincón, el camastro hecho con ramas ahorquilladas, estrecho, como conviene a lo reducido de la choza, y cubierto de estera de palmito. La impresión que causan estas habitaciones, sobre todo cuando se entra en ellas después de trabajar en el descubrimiento de los dólmenes, es imborrable. No parece sino que, después de visitar las tumbas, se penetra en el poblado neolítico, tal es el poder de persistencia de lo viejo, que imponen, un medio idéntico, una organización de vida parecida y el abandono más completo”. Merguelina escribe estas impresiones en 1924 y ya le parece que la diferencia de desarrollo con el resto de España es exagerada. Tendremos que esperar cerca de cincuenta años más para que con un crecimiento hiperacelerado lleguemos a niveles parecidos al resto de España, movimiento uniformemente acelerado basado en la emigración, Las Lomas y en la construcción. En definitiva, un alejamiento de esos colectivos de su medio natural en el que siempre habían vivido. Estos jornaleros van a reaparecer siempre que haya una crisis económica para soportar el mayor peso, como está pasando en la actualidad.
Y terminamos con Mergelina “Un viejo pastor pudo mostrarnos, sobre su pecho, por la entreabierta camisa y pendiente del cuello por una guita, el extraño amuleto que reproducimos. Nos llamó la atención su forma, tan análoga a los ídolos almerienses. Nos dijo que era una cruz y que era remedio infalible contra los padecimientos de muelas. Era de madera de chaparro y gran parte de su virtud consistía en ser de un chaparro que todavía no se hubiera descortezado”. Se trataba de Antonio Ordóñez aquel sopaca que vino de Monda y se casó con Concepción Moreno de Algatocín. Los padres de Francisca y María, las niñas que aparecen guardando las cabras en la foto de Juan Cabré. Ambos habían llegado con su familia de sopacas a la zona y decidieron quedarse en la zona del Tajo de las Figuras, segando en verano, haciendo carbón en invierno y cazando y recolectando frutos silvestres según la estación del año. Cuando los remedios caseros no servían para mitigar los horribles dolores de muela, suyos, de sus hijos o de sus nietos, no había otra solución que venir a Casas Viejas para que los barberos Bernardo y José Lara Ortiz, los hermanos Laritas o antes su padre, les sacaran las muelas, con la consiguiente copa de vino como analgésico. Las chozas perduraron hasta la década de los setenta, los remedios sobrenaturales y superticiosos para el dolor de muelas hasta ayer mañana.

Las ilustraciones se han tomado del informe de Mergalina

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