Los paraísos perdidos. Las aves de La Laguna de La Janda. Y 6

Según Pablo Barrena, presidente de la Asociación Ornitológica ARDEA, “la desecación de la laguna de La Janda es uno de los más claros ejemplos de cómo el ser humano es capaz de degradar el medio ambiente hasta límites insospechados. Desde un punto de vista puramente ornitológico, obviamente representó un duro golpe a comunidades de especies, por entonces reproductoras en la zona, tan importantes como el águila imperial ibérica (Aquila adalberti), la focha moruna (Fulica cristata) o la grulla (Grus grus), por citar algunos ejemplos. Si bien este humedal conserva aún hoy en día un gran valor ornitológico, ya que sigue albergando una gran cantidad de especies tanto en la estación húmeda como en la seca –sobre todo en paso migratorio-, éste no es más que un vestigio de lo que un día fue y de lo que podría volver a ser, pues en inviernos tan duros como éste, la laguna se vuelve a inundar y podemos contemplar cómo la naturaleza se encarga de hacernos ver que la genética de ese lugar es la de un humedal, aunque nos empeñemos en lo contrario.”

Por desgracia la lista de aves que vivían y se reproducían en La Laguna de la Janda hoy en día desaparecidas o con población muy escasa es amplia, como la grulla común, la focha moruna, el avetoro, el morito, el águila imperial ibérica, la lechuza mora o el torillo andaluz. Numerosos son los testimonios sobre la importancia de estas aves, desde las pinturas rupestres ( en las que son reconocibles representaciones de grullas, flamencos, avutardas, ánsares, cisnes y avocetas además de multitud de otros animales y figuras humanas). Durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX numerosos escritores y viajeros como Ponz, Agustín de Orozco, Irby, Verner o Chapman y Buck o Bernaldo de Quiros que nos ha servido como base para esta serie, recogieron en sus escritos el interés ornitológico de estas lagunas.
El Cielo Protector de Paul Bowles termina con estas palabras
:“Al no saber cuándo moriremos, pensamos que la vida es inagotable. Pero todo ocurre un cierto número de veces y son muy pocas veces. ¿Cuántas tardes más recordará una cierta tarde de su infancia? ¿Una tarde tan arraigada en su ser que no puede concebir su vida sin ella? Quizás tres o cuatro veces. Quizás menos. ¿Cuántas veces contemplará la luna llena? Veinte quizás. Sin embargo, nada parece tener límite”. En la misma obra el americano afirma que de lo único que se arrepiente en su vida es el hecho de que no supo valorar las cosas cuando las estaba disfrutando y que sólo las tenemos en cuenta cuando las perdemos.
Las ilustraciones pertenecen a la excursión ornitológica de 1920 a La Laguna de La Janda de Bernaldo de Quiros.

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