Las hijas y nietas de Seisdedos. De Antonio Ramos Espejo. Catalina Silva. Testigo vivo de la historia. Y 5

  • "Cuando el guadia Salvo le echó mano a mi padre, mi madre le dijo: "Mire que desde hace una semana no se levanta, está con cuarenta de fiebre". Y Salvo le dijo: "No importa, lo vamos a llevar para tomarle una declaración". Y mi madre le insistía: "Pero mire que usted nos conoce", y él no hacía más que decir que era para hacer una declaración. Y se llevaron a todos los hombres que había allí: a mi padre, estaba también Fernando Lago, estaba Juan Galindo, que era el marido de una hermana de mi padre... Y la casa, que era la de mi abuela materna, estaba llena de niños; allí nos fuimos, detrás de la nuestra, cuando llegó María: saltamos una muralla y nos fuimos a la casa de la madre de mi padre, mi abuela, que vivía en Cádiz. todo eso empezó cuando llegó a ser de día. Cogían a los hombre y "venga pa fuera". Estaba todo rodeado de guardias de asalto... Mi abuelo le había insistido a Salvo: "Mire, usted es del pueblo" y el guardia le insistía: "Sí, sí, si va a venir enseguida". Ya más tarde, viendo que no venían, que se los llevaron y no venían ninguno, pues yo dije, "voy a ver si lo veo"... Voy a la casa del abuelo... Y era terrible, ¡terrible aquello!... (Catalina empieza a llorar). Todos los hombres estaban por tierra y con las manos esposadas, en un charco de sangre, mientras mi abuelo y todos los demás seguían ardiendo. ¡Terrible, terrible!
A partir de esa madrugada se produce la desbandada. Las familias no pueden ni acercarse a reconocer a las víctimas. Allí yacen, unos quemados, otros tiroteados. La prensa recogerá las imágines espeluznantes. La sangre derramada de 22 civiles en Casas Viejas. Es tal la dimensión de esta catástrofe humana, que el miedo y el luto se apoderan de las madres, de las hijas, de las hermanas, que, desde entonces, llevarán el peso de una vida rota.
Manuela Lago perdió a su tía Manolita en los sucesos... La familia Lago presencia cómo también disparan a su padre, que cae muerto sobre el cuerpo ya inerte de su hija Manolita en el corral de la choza de Seisdedos, junto a los demás cadáveres.
Después de Casas Viejas, y aún más si cabe tras la guerra civil, la familia de Seisdedos se dispersa por distintos pueblos de Cádiz e incluso algunos de ellos acabarán en el exilio. Lejos de los escenarios de Casas Viejas, durante la guerra a Catalina le aguardan los tortuosos y terribles caminos del exilio. Huirá de Andalucía en barco, sobrevirá al final de la guerra en Barcelona, sufrirá el hambre y el frío en los campos de concentración en Francia, víctima ahora de la persecución nazi. Con la ayuda de su compañero, Agustín Buján, escapa del campo de Argelés, primero a Perpiñán y después a Montauban. Y aquí es donde vive, anota José Luis Gutiérrez, en la biografía que publica sobre Catalina Silva en "Cuadernos para el Diálogo", septiembre de 2007...
Catalina Silva espera la paz: "Lo he pasado muy mal; pero ahora estoy más tranquila. ¿Qué quieres que haga? Ya los hijos son mayores, son muy buenos... Y ya lo que espero es morirme. ¿Para que quiero estar en este mundo después de pasar tanto? Me es igual todo", dice esta valerosa mujer desde Montauban. Y desde Benalup-Casas Viejas Manuela Lago expresa poéticamente los sentimientos hacia los hombres y mujeres que han sido víctimas de la represión en su pueblo:
  • Unas espigas sembré, y al cabo de los días las he visto florecer. Comprendo que vuestras muertes en vano no pueden ser y no quiero que el silencio os asesine otra vez. Me retiro hacia el campo, contemplo las amapolas, y tu sangre veo correr. Al contemplar las espigas, tu voz creo yo escuchar. No hay libertad sin tierra. No hay tierra sin libertad.

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