José Suárez Orellana. Las Comunidades de Campesinos. Por Eduardo A. Ruiz Butrón. 9

Se iniciaron varios proyectos resultando unos positivos y otros no. Hubo cooperativas en Canalejas, en Valcargado, Tahivilla, Almoraima, Picaso y Reguelga, en Jerez y en Espera. Suárez tiene un conocimiento bastante exacto de la realidad de la situación agraria de la provincia de Cádiz, ya que sin ser inspector para las colectivizaciones, es informador privilegiado por el Director del Instituto de Reforma Agraria en Jerez. Visita prácticamente todas o casi todas las fincas en rendimiento. A las citadas hay que sumar Barroso, Carijas, Zarzuela y algunas más.
No todo funciona como debiera y los problemas que se plantean son de índole diversa, provocados precisamente por aquellos que lógicamente se benefician de unas situaciones nunca soñadas anteriormente, pero el desconocimiento, la incultura y el no saber cómo resolver las dificultades del día a día, dieron al traste en muchas ocasiones con las buenas perspectivas que se presentaron para huir de la miseria. En dos años y medio, de 1934 a 1936, no se pudo hacer mucho más.
El bienio negro, de septiembre de 1933 a febrero de 1936, vino a deshacer lo que habían organizado los gobiernos anteriores con la Reforma Agraria, pero en los dos años y casi medio que duró la sístole pendular, los doce Gobiernos, los cinco Presidentes y los nueve Ministros de Agricultura, con sus tres interinos en sus ausencias, no pudieron cambiar completamente el sistema.
En esos años alejado del gobierno municipal y dedicado a los colectivos agrarios, Suárez sufre las primeras venganzas de la clase poderosa, no exenta de colaboración de los anarquistas, que no cesaban de hostigarle. La Guardia Civil lo detiene en Casas Viejas, lo traslada en coche a Medina Sidonia, le pasea por el centro de la ciudad, dándose un espectáculo humillante y lo encierran en la cárcel. Como no había caso tiene que soltarle por orden del juez. Suárez, pese a todo sigue resolviendo los problemas entre obreros y patronos.
La rebelión contra la República terminó como se sabe, con una guerra civil que, incluso donde no hubo tal, el odio y la venganza pusieron punto final a una experiencia singular para elevar el nivel de un pueblo, dejando a un país partido en dos.

Suárez Orellana en tiempos de la transición democrática

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