José Suárez Orellana. El contacto con los Pérez-Blanco. Por Eduardo A. Ruiz Butrón 4

Confiesa que "cuando tenía quince años no había visto ni automóviles, ni aeroplanos, ni teatros, ni cines, ni iglesias, ni curas, ni militares, ni ningún signo de civilización moderna". Su primera salida fuera del entorno fue en 1908 a la edad de quince años: "me llevó mi padre a Algeciras y vimos el primer cine mudo, y quedamos maravillados de aquel adelanto conseguido". Sin ninguna referencia debemos imaginar que este viaje, del que no hace más mención, sería en el mes de junio coincidiendo con la Feria algecireña. El cine por aquella época carecía de locales permanentes, era un negocio de barraca de feria. "El feriante ambulatorio por definición, podía contentarse para sus programas con mil o dos mil metros de película, de los cuales era propietario". ¿Qué imágenes vería?, imposible saberlo, es muy probable que viese las primeras que formaron bloques y se vieron por todas las ferias españolas, maravillando a públicos sin más horizonte que lo que tenían ante sus ojos.
En ese ambiente tan cerrado solamente llega a alcanzar un conocimiento de la existencia de la injusticia social que imperaba en su estrecha realidad y empieza a percibir algo más allá de su mundo. En una fotografía de 1911 se ve a su padre sentado ante un velador con dos periódicos: Nuevo Mundo, revista gráfica con el subtítulo de Crónica General de la Semana, y El Imparcial. Este último se inició para un lector burgués y bienpensante, haciéndose con el paso del tiempo más abierto y progresista, hasta llegar a ser en los años treinta del siglo pasado un periódico de izquierdas. El Imparcial y más tarde El Sol fueron tribunas de uno de los filósofos más importantes del pasado siglo en España, José Ortega y Gasset.
A los dieciocho años tuvo su primera novia en Alcalá de los Gazules y salió escaldado, por lo que varió su ruta y su destino hacia Casas Viejas, donde entroncó con la familia Pérez-Blanco, comerciantes y propietarios con posibles. Antonio Pérez-Blanco Vargas era un hombre de izquierdas, muy abierto, quiso ser actor y dedicarse al teatro, quería "ir a conquistar el ", pero muy influenciado por su hermano Juan, claramente de derechas, vio frustrados sus proyectos de futuro. Antonio entabló amistad con José Suárez y le abrió el camino hacia una militancia socialista que comenzó por su inscripción en la Unión General de Trabajadores.
Esta amistad, además de orientarle ideológicamente le llevó al altar con una hermana de Antonio y de Juan, María Luisa, que más tarde sería la Tata o Tatona, una mujer encantadora, muy guapa y muy tranquila. Casaron en 1921 en Casas Viejas, ella con veinte años y él con veintisiete. Nueve años permanecieron en Las Algámitas, tuvieron sus tres primeros hijos, y en 1930 se trasladaron a vivir en Casa Viejas, donde nació su cuarto y último hijo.

Francisco Suárez Mateos en las Algámitas, leyendo Nuevo Mundo. Crónica General de la Semana y El Imparcial el lunes 2 de octubre de 1911.

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