Doña Cristina Orellana

Hoy viene en el Diario de Cádiz que anoche se celebró la graduación de la promoción de medicina 2003-09. Una de las que se le pondría la banda y una de las que a su padre, su madre, su abuela, su hermana y a toda su familia "se les caería la baba" es la que porta la bandera en la foto. Aparece en un primer plano, a la derecha, bajo la atenta mirada de su padre. La foto es de 1991, en aquella sensación agridulce constituída por el hecho de haber conseguido la segregación, pero no el término natural y justo. Cristina, que se llama la niña, mira a la cámara, no llega a tener seis años, porque ella nació un día de San Estebán de 1985 y la foto es del 24 de marzo de 1991. Siempre que comparamos la sociedad actual con el antiguo orden lo hacemos fijándonos en las condiciones económicas y de consumo, yo creo que tanto o más que en eso, ha cambiado en dos cosas no menos importantes; la educación y el papel de la mujer. Antes no estudiaban las mujeres, antes solo estudiaban los ricos. Este pueblo formado en el siglo XIX fue gobernado y dirigido por médicos. Las dos grandes familias que poseían las tierras, a parte de los marqueses de Negrón y Tamarón, eran los Vela y los Espina y ambos, sus primeros representantes vinieron a Casas Viejas como médicos. Empezaron como tales y con sus ahorros compraron tierras de las desamortizaciones que los hicieron las familias más ricas y poderosas del pueblo. Muchos de los miembros posteriores de estas familias ejercieron esta profesión y aun hoy la siguen ejerciendo o estudiando, de tal forma que durante mucho tiempo los únicos médicos que habían nacido en el pueblo llevaban apellido Vela o Espina. Salvo excepciones, en Benalup, habrá que esperar a los sesenta para que la mujer empiece a estudiar y su generalización se produce a finales de los ochenta y noventa, coincidiendo con el despertar y el desarrollo de Casas Viejas. Ayer Cristina Orellana se graduó como médica, ha aprobado todas las asignaturas y aunque todavía le faltan muchas horas de estudios ya tenemos otra médica en el pueblo. Cristina forma parte de una nueva generación que en los noventa y primera década del siglo XXI han tenido la posibilidad de estudiar y formarse. Como Cristina, Virginia Mateos , Paco Cepero, Ana María García, Loredana Coronil, Maribel Gutiérrez...han estudiado o están estudiando esta simbólica carrera. Y creanme no es fácil, antes era por cuestiones económicas ahora lo es por requisitos académicos, un 8,73 piden en la Complutense. Conozco muchos Institutos donde llevan más de dos décadas sin que sus alumnos puedan acceder a esta carrera. Pero además la graduación de Cristina como médica es un símbolo del camino de este pueblo en los últimos años. Si difícil fue conseguir la independencia política, no va a ser más fácil conseguir la autonomía y la autodeterminación global y en eso la educación tiene un papel fundamental. Ese camino que empezaba Cristina en esa foto de cabecera nos tiene que llevar a la libertad, a la cultura, al conocimiento. Detrás, el padre Antonio Orellana, ese socialista de toda la vida que cuando fue alcalde allá por el principio de la década de los ochenta compatibilizaba su trabajo en la alcaldía con el del campo, como decía la agrupación Charlot "ha tenido que agacharse a trabajar en la remolacha". Aquel, que como aparece en la página 210 del libro de Mintz Coplas de carnaval defendía los carteles del PSOE a capa y espada. Muy cerca debía de andar la madre, Milagros Legupín, la manceba de la farmacia de Emilio Mate que en todos los "don" que precedía a todos los nombres de los médicos que ha conocido había y hay mucha admiración y respeto. Quiero terminar felicitando a la familia Orellana-Legupín por este vivo ejemplo de emancipación a través de la educación. Me parece que en estos tiempos de crisis, de cambio, la graduación de Cristina es un modelo a seguir. Aunque el merito es entero de Cristina, todos los que la hemos conocido nos sentimos un poco mejores hoy y partícipes de sus logros. Uno de los que más, seguro que es Emilio Mate, ese viejo conocido de la familia, que ha visto como el cambio que ha sufrido el pueblo desde que él llegó es el mismo que va desde Cristinita a Doña Cristina Orellana Legupín.

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