El arado

Desde el Neolítico hasta la década de los sesenta los sistema de cultivo de la agricultura de esta zona cambió poco. En esta década la fuerza de sangre comenzó a sustituirse por la tracción mecánica: fue el momento de la mecanización definitiva del campo. El arado quizá sea la tarea más típica de la agricultura tradicional de secano. Para que las plantas puedan desarrollarse de una manera normal, a finales del verano es indispensable ahuecar la tierra hasta una cierta profundidad. Catón, autor romano, decía ya que lo mejor en el cultivo del suelo era arar bien; en segundo lugar, arar; y, sólo, en tercer lugar, estercolar. Los autores romanos ya establecieron que el arar la tierra tiene como beneficios principales los siguientes: abrir la tierra a los beneficios del sol y el agua; igualar la tierra toda; mezclar y conformar bien tierra, abonos, simiente; desmenuzar bien la tierra deshaciendo los terrones para que toda sea aireada.Para realizar este trabajo se utiliza el arado. El arado de la tierra, permite que ésta almacene humedad evitando su endurecimiento y revitalizándola.
Tras el arado, es necesario deshacer los terrones para dejar la tierra suelta y apta para el cultivo. Esta labor la realizan las rastras y gradas que arañan la tierra preparándola para la siembra.
Después de las lluvias de otoño, que han endurecido la tierra, se empleaban los escarificadores y cultivadoras que mantienen suelta la superficie del suelo labrado y eliminan al mismo tiempo las malas hierbas que han crecido espontáneamente. Como esta tarea necesitaba una gran carga de fuerza inmediata estaba reservada al sexo masculino. El arado, como es lógico, ha sufrido diversas transformacio­nes a lo largo de los siglos, aunque no muy significativas. En un principio era todo de madera (arado romano) y de una sola pieza. Después se le pusieron unos palos laterales (orejeras) para verter la tierra. Mas tarde se utilizó la reja de hierro; ya en tiempos modernos se han hecho arados de hierro en su totalidad, fijos o convertibles (de dos direcciones). Las tierras ligeras, según Catón, basta con que se aren una vez en la primavera y otra antes de sembrarse. Las tierras gruesas quieren tres rejas. Las tierras recias quieren cuatro rejas. La primera faena del arar es alzar o barbechar; tiene lugar en el otoño, para que duran­te el invierno se pudra todo el rastrojo; la segunda, en primavera: binar; al terciar, no muy lejos de la sementera, se ha de echar el abono, para que lo cubra la tierra, por eso al terciar se debe arar hondo para mezclar bien la tierra y el abono.

En la foto aparece Manuel Romero "Jotita" trabajando con un cultivador, tirado por su mulo “Rociero”, nombre que le venía porque su dueño lo compró en el Rocío.
La primera foto es de Mintz y en ella el jornalero procede a aparejar los mulos antes de empezar la faena.
En esta última foto de Minz la yunta de mulos aparece aparejada y dispuesta a tirar de un arado romano.

Como dice el refrán "los campos mantienen a los pueblos". En los años sesenta hubo un masivo éxodo rural, el campo parecía que se iba a despoblar. En la actualidad estamos asistiendo a una vuelta al campo, pero en forma de turismo, campo de golf, segundas residencias, especulaciones varias, etc. Actividades todas ellas con un gran impacto medioambiental. En los tiempos nuevos o tiempos salvajes en los que nos encontramos la agricultura ha dejado de ser el sustento básico, pero si tuviesemos mentalidad del medio plazo habría que invertir el refrán. Más tarde o temprano, se hará realidad aquello de que tierra somos y en tierra nos convertiremos.

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