LOS PELIGROS DEL CONSENSO: Los desequilibrios

Hoy 28 de Octubre me han llamado la atención tres noticias de la prensa. El 25 aniversario de la aplastante victoria electoral del PSOE, la polémica que continúa y no cesa sobre la ley de la memoria histórica y la beatificación en Roma de 498 curas asesinados en la zona republicana durante la guerra civil. El esquema es fácil, el mío. Con la derrota de los republicanos llegó la victoria de los nacionales, no la paz. Los ganadores honraron a sus muertos, los perdedores rumiaron su ocultación y su sufrimiento. Con la muerte de Franco, un consenso general se extendió por el resto de España. Se hablaba de que era necesario no recordar, no lavar viejos trapos. Pero ahora, hay quien dice que lo que pasó fue que se impusieron las tesis de uno sobre otros, con el argumento de la idoneidad del silencio. A principios del siglo XXI, cuando los nietos de los derrotados quieren honrar y conocer el paradero de sus muertos, un sector recurre de nuevo a la omisión para no romper ese difícil y delicado consenso. Pero a veces ese consentimiento no es más que la derrota suavizada, la imposición disimulada o la impotencia del sempiterno perdedor. El fatalismo andaluz sabe mucho de consenso ¿vale?. No quiero ser mal pensado y establecer alguna relación entre la fecha de la beatificación y la aplastante victoria de los socialistas, que aunque se fueron del gobierno en 1996 en una atmósfera de división y corrupción, significó el inicio de una primera modernización necesaria. Pero parece obvio la relación existente entre esta beatificación de hoy y la polémica generada por la ley de la memoria histórica. Como he salido del armario y estoy cansado de que el miedo guarde la viña, voy a comparar ambos hechos, siempre desde mi óptica.

Cuando he visto esta fotografía de niños bien en el Vaticano no he podido dejar de compararlas con otras imágenes pero en blanco y negro. El colorido de esta foto resaltá sobre la sequedad y la oscuridad de otras, como las de las fosas comunes o los campos de concentración. Es el desequilibrio de la memoria que nos queda de la guerra civil. Desequilibrio que es necesario romper y arreglar para caminar juntos. Es cierto, que a esos 498 curas los mataron por tener unas ideas políticas distintas a los asesinos. también lo es que lo curas vascos asesinados por las tropas de Franco no han entrado en esta beatificación. Pero, además es cierto, que las familias de los que mataron en la otra zona, también por mantener ideas distintas, llevan más de setenta años esperando un reconocimiento oficial que las otras victimas lo han tenido durante siete década, llevan ese tiempo sin disponer de sus restos y sin saber los detalles exactos de su desaparición. Y, sobre todo, llevamos setenta años guardando silencio y sintiendo temor por ser familiares de esas víctimas. Un silencio y un temor pueril e irracional, pero latente. "Niño no te metas en nada, tu abuelo no hizo nada y mira lo que le pasó". Además, tenemos que soportar que unos sean victimas anónimas y otros, mártires reconocidos.
Me consta que Juan Pérez Silva aprovecha cada vez que puede las reuniones de la fundación de Casas Viejas para poner sobre el tapete la necesidad de buscar dónde fue fusilada y dónde está enterrada su madre: María Silva Cruz “La Libertaria”. No solo me parece justo, también necesario. Pero además de María, está el caso de Domingo Vidal Duran y Francisco Ortiz del Río, ambos benalupenses y los dos hechos presos por las tropas franquistas, tuvieron que trabajar como esclavos en el Canal de los Presos del bajo Guadalquivir. Otro día hablaré de Pedro Moya Paredes o de la familia Pavón o de tantos y tantos encarcelados por su participación en los Sucesos de Casas Viejas. Hoy me gustaría centrarme en el caso de José Jordán Casas (muerto el 8-12-1941) y José Durán Fernandez (muerto el23-11-1941) en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen. Estos dos formaban parte del amplio grupo de republicanos que al perder la guerra se refugiaron en Francia, y huyendo de Franco se encontraron con Hitler. Parece ser que los benalupenses José Durán y José Jordán llegaron al campo de concentración en agosto de 1940, provenientes de Francia. No tengo palabras para describir la penosa y lamentable situación de estas personas en un país desconocido, sin dominar el idioma y en medio de una guerra tan cruel y atroz como la Segunda Guerra Mundial. Como Franco comunicó al gobierno alemán que no había españoles fuera de nuestra frontera, estas dos personas, al igual que el resto de los españoles, llevaban la identificación de apátridas en su vestimenta (consistía en un triángulo azul). Las condiciones de trabajo en este campo de concentración eran durísimas. La mayor parte murieron extenuados al tener que subir diez o doce veces por día, grandes piedras de granito, a través de una escalera de ciento ochenta y seis peldaños, acosados y golpeados por otros presos que hacían de capataces -¡los capataces!-. En mayo de 1945, cuatro años después de que murieran en este campo José Durán y José Jordán, los americanos lo liberaron y se encontraron una pancarta que decía: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras». Ni caso. Aquí la victoria tampoco significó la paz para los españoles, ya que no pudieron volver a su tierra y vivieron como exiliados en Francia, muchos de ellos hasta la actualidad.
Si callarse estas cosas es necesario para mantener el consenso, a mí, particularmente a mí, está dejando de gustarme esa palabra mágica que se llama "consenso" y que por tener tantas “s”, me ha costado tanto trabajo siempre pronunciarla. Por eso, pienso y escribo que como nosotros no tenemos beatificaciones, si necesitamos la Ley de Memoria Histórica. Tengo la esperanza de averiguar con ella como murió y donde está enterrado Salustiano Gutiérrez Rojo, mi abuelo. Leve y tenue, pero esperanza al fin y al cabo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Buenas tardes, soy Jaime Ríos, sobrino nieto de Francisco Ortiz Del Río,a quien haces alusión en este artículo.
Es cierto que trabajó en el canal de Dos Hermanas, estando preso en El Puerto de Santa María, conmutando un día de pena por cada dos de trabajos forzados.
Pero Paco el "del Capataz", después de salir de la carcel, vivió y trabajó en Fascinas, posteriormente volvió a Benalup donde murió y fué enterrado.

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